CAPITULO 1 - INTRODUCCIÓN

Shhhhhh…..¿puedes oírlo? Me parece que algo está susurrando en los cielos, ¡y podría ciertamente ser que Dios se está preparando para enviar a Jesús
por Su novia! De hecho, no pienso que tardará mucho ¡y seremos arrebatados con Él en el aire para estar toda la eternidad con Él en el paraíso! Amén.

Jesús vendrá de nuevo; en esa verdad la Biblia es muy clara. Sin embargo, la pregunta para el pueblo de Dios permanece por contestar: ¿”Estamos
realmente listos para recibir al Novio?” A lo mejor si nos vemos honestamente a nosotros mismos, el Cuerpo corporativo de Cristo, lo que hallaremos no es lo
que queremos encontrar. Podemos hallar que la que Dios está preparando, como novia para Su Hijo, no está aún en la condición que Él desea para Su
Amado. Pensamientos de una novia toda adornada  con un vestido blanco sucio y roto aquí y allá, no es precisamente la imagen de una novia lista para el
altar. Tal es la condición de la iglesia ahora. Hay algunas cosas en las que ella necesita estar preparada para  poder ser presentada en la venida del Rey de
reyes. Es con eso en mente que este libro se escribe.

Bajo la unción del Espíritu Santo el apóstol Pedro exhorta a la iglesia a verse dura y honestamente al espejo y hacer cualquier cambio necesario – él llama
esta acción “juicio.” Ciertamente si el juicio había venido en el tiempo que Pedro escribió esta carta, sin lugar a duda podemos darnos cuenta que ahora es el
tiempo para nosotros hacer lo mismo en la iglesia de nuestros días.  La amonestación entonces de Pedro a la iglesia no ha cambiado; de hecho va más allá,
al declarar en su segunda carta  (II Pedro 3:11-12) ¡que la iglesia tiene una parte que jugar en el tiempo del regreso de Jesús! Así que, como puedes ver,
esto es ciertamente un asunto importante para todos nosotros.

700 años antes que Jesús caminara los senderos polvorientos de Judea, Dios se movió sobre el corazón  de Su profeta Isaías para dibujar la imagen escrita
de la iglesia en sus últimas etapas. El pasaje de Isaías 60 es una poderosa revelación de cómo se verá la iglesia de Dios. Esto es importante que tu lo
entiendas, ya que tú mi amigo eres parte de esta iglesia de los tiempos finales sobre la cual la misma Gloria de Dios está siendo revelada de modo que todo
el mundo pueda conocer a Jesús. De este pasaje, podemos saber con toda certeza que la iglesia será arrebatada en un estado de triunfo terrenal, y no solo
escapando apenas de la maldad en el mundo. En efecto, la iglesia finalizará su temporada en la tierra con un grito de victoria, ella triunfará poderosamente
justo como Juan lo profetizó.  (I Juan 4:4) La iglesia se unificará con, “el ser uno” que Jesús oró en Juan 17:21, “Para que todos sean uno; como Tú, oh
Padre, en Mí, y Yo en Tí, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que Tú me enviaste.” Ella demostrará literalmente el mismo amor
y el mismo poder que Jesús reveló en Su ministerio terrenal, tal es el plan de Dios para Su iglesia.

Ahora que vemos lo que la iglesia se supone debe ser, también podemos ver que le falta mucho por recorrer antes de tener la Gloria de Dios irradiando en
ella. ¿Podremos honestamente evaluar la iglesia y declarar que ella opera bajo la dirección del Espíritu Santo al punto que Jesús operó? ¿Demuestra la
iglesia realmente Su amor y poder al mundo? Mientras nos juzgamos a nosotros mismos, creo que todos llegamos a la misma conclusión, es decir, la iglesia
no está del todo en la condición que debiera estar.

Por siglos nosotros los Cristianos nos hemos sentado en las bancas y escuchado sermones instruyéndonos a arrepentirnos del pecado y volvernos a Dios.
El arrepentimiento ha sido en su mayor parte buscado a un nivel individual. En un sentido, desde luego, esto es necesario ya que cada uno de nosotros
determina su propio destino eterno basado en la aceptación o rechazo personal de la oferta de Dios de salvación. Sin embargo, como ahora podemos ver,
existe la necesidad de considerar el aspecto corporativo del arrepentimiento. Dios definitivamente nos muestra que Él ve Su iglesia en un sentido corporal;
por tanto, también existe la necesidad de juzgarnos nosotros mismos – la iglesia – como Pedro lo amonesta para poder prepararnos corporativamente a ser
la Esposa de Cristo.

En este libro trataremos con temas bíblicos en su mayor parte desde un punto de vista corporativo. Trataremos de conocer la mente de Dios en cosas que
tratan con la iglesia como un todo, y en ese conocimiento nosotros el pueblo de Dios podremos hacer cualquier ajuste que Él considere necesario. Así es
como trabaja el arrepentimiento corporativo. Baste con decir que, cualquier ajuste que se tenga que hacer debe ser guiado por el liderazgo de la iglesia. Una
revelación superficial de cómo Dios quiere Su iglesia no es suficiente; se necesitan los ancianos a quienes Dios a ungido como líderes para llevar la iglesia
hacia sus etapas finales de Gloria. Esto por sí mismo, puede resultar ser el más grande reto que Él tiene – ¡llevar los pastores a Su programa!

Hay una simple verdad que nos mueve a un importante entendimiento, esto es: Los caminos de Dios son siempre mejores que los nuestros. Desde luego, la
complicación viene cuando nos damos cuenta que Sus caminos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8-9) eso significa que requieren fe de nuestra
parte, si vamos a implementarlos y experimentar su éxito. El diseño y obras de la iglesia, en estos ya más de 2000 años, ha sido en su mayor parte una
demostración de hechos de hombre y no de Dios. Es por eso que solo hemos tenido un éxito marginal en la iglesia.

Solo tenemos que abrir la Biblia a la página que contiene Proverbios 14:12 y ciertamente veremos que hay dos formas de hacer prácticamente cualquier
cosa: 1) El camino de Dios, o 2) El camino del hombre. ¡Los resultados de cada uno son aparentes! Desde que Jesús la dejó valerse por sí misma, la iglesia  
a seguido su propio camino demasiadas veces, implementando sus propios caminos. La historia de la iglesia revela tiempos en que correcciones a mitad de
camino se llevaron a cabo y ayudaron a  mantenerla cuando menos en la dirección correcta. Por estas cosas todos estamos agradecidos. Sin embargo, si la
iglesia a de levantarse a las alturas elevadas que Dios mostró a Isaías que alcanzaría, le falta bastante camino por recorrer. En lugar de permitir que
declaraciones como esas apaguen nuestra fe, levantémonos en fe para traer a ser la voluntad y el plan de Dios.

CAPITULO 2 – SEMBRANDO LA NUEVA IGLESIA


Jesús declaró la gran comisión: “…Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones…”  Inherente a esta dirección divina es el mandamiento de construir
Iglesias locales donde se lleva a cabo el proceso principal de hacer discípulos. Este mandamiento de construir iglesias es el que hemos visto en la Biblia
desde las páginas del Libro de los Hechos hasta el día de hoy. La iglesia local sigue siendo la herramienta central que Dios utiliza para discipular a Sus
santos y mostrarse a Si mismo al mundo.

El propósito de este capítulo es ayudar a aquellos que sienten la necesidad de sembrar Iglesias a hacerlo eficientemente. La intención de esto no es hacer
un estudio exhaustivo sobre plantación de Iglesias, pues  ciertamente existen varios muy buenos libros ya escritos sobre este tema. El propósito es
proporcionar alivio en el trayecto ayudando a entender el proceso global involucrado.

La plantación de Iglesias no es una ciencia precisa. Pero, por los años que he estado involucrado y por mi estudio acerca de ello, he aquí un esquema
general que será de ayuda para ti:

ETAPA #1: PLANTANDO UNA IGLESIA (etapa de Arquitectura e Ingeniería)

En esta primera etapa podrías ver suceder las siguientes cosas:

•   Nacimiento de la visión.
•   Desarrollo de “¿quiénes somos?”
•   Desarrollo de en qué creemos.
•   Recibir otros detalles de Dios acerca de la misión de la Iglesia. (dónde, a quien, cómo, etc.)
•   Se desarrollan consideraciones de negocios acerca de la Iglesia.
•   Orando por esos primeros santos-ancla que ayudan al nacimiento de la visión.

He aquí algunas dificultades que pueden presentarse durante la primera etapa:

•    Abriendo demasiado rápido los servicios de adoración al público en general.
•    Invitar a cualquiera para convertirse en uno de los santos-ancla de la Iglesia.
•    Asumir que esta iglesia será como cualquier otra. (no discerniendo la visión/propósito)
•    Temeroso de estabilizar la iglesia por temor a limitar al Espíritu Santo.
•    Fallar en establecer inicialmente el negocio y los aspectos legales.
•    Sobre-extender la iglesia con deudas u obligaciones mensuales.
•    Colocar la iglesia bajo una cobertura (o denominación) sin la dirección de Dios.
•    Pensar en pequeño.
•    Tratar de cubrir  “todas las bases” de una iglesia madura. (Programas, departamentos, alcances)

ETAPA #2: PLANTANDO UNA IGLESIA (etapa de Cimientos y Estructura)

El trabajo de ministerio inicia formalmente. (Hay servicios, personas son invitadas, señales y maravillas atraen personas a la iglesia) Los cimientos de la
iglesia comienzan a presentarse. (El grupo núcleo de miembros empieza a formarse) el compañerismo es un asunto crítico en esta etapa ya que la familia
está construyendo sus relaciones de pacto.  Los lazos de la iglesia están fortaleciéndose. El liderazgo de la iglesia comienza a tomar forma. (Estos son
identificados pero probablemente no listos para el servicio)

Algunas mejoras inician en esta etapa:
•    El “paquete” de la iglesia empieza a ser revelado (como se presenta al público en general)
•    El alcance hacia la comunidad comienza a suceder
•    Más mejoras están sucediendo en creencias, prácticas, estructura, etc.

Dificultades:
•    Instalar lideres equivocados en posiciones de autoridad.
•    En el intento de determinar  “quiénes somos” se presenta una inestabilidad doctrinal en forma de un   doble ánimo.
•    Colocar demasiado énfasis en el alcance de la iglesia y no en atender las necesidades de hoy.
•    Sobre extenderse financieramente con el objetivo de facilitar el crecimiento. ( uso de crédito)

ETAPA #3: PLANTANDO UNA IGLESIA (Paredes y Techo del edificio están poniéndose)

Esta es la etapa de crecimiento numérico en la que se expande el tamaño de la iglesia. El desarrollo espiritual del liderazgo de la iglesia ha escalado y están
comenzando a funcionar y ser reconocidos por la congregación. El pastor (a) ha tomado su lugar en el rango de los ancianos de la ciudad. La iglesia es vista
por la ciudad como una entidad de Dios viable y ungida. Los programas, departamentos y ministerios internos están desarrollándose y son fructíferos.

Dificultades:
•    Crecer solo por crecer
•    Inhabilidad para manejar el crecimiento que viene por causa del discipulado en grupos pequeños y/o consejería pastoral.
•    Delegar demasiada autoridad muy rápido a los ancianos.
•    Fallar en permitirle a los ancianos ministrar bajo la unción que les fue dada.
•    Demasiado tiempo externo por el pastor en asuntos de ciudad/mundo y no en pastoreo de las ovejas de su rebaño.
•    Demasiado énfasis en cosas externas para atraer personas a la iglesia.
•    Pérdida de inocencia por usar caminos carnales.

CAPITULO 3 – ESTABLECER LA IGLESIA LOCAL EN ORDEN

Aún durante el primer siglo (menos de 50 años desde la ascensión de Jesús) la iglesia ya estaba en serios problemas. Vemos las evidencias de este hecho
en las cartas escritas por los apóstoles a las diferentes iglesias y a diferentes personas mientras trataban con los asuntos que necesitaban corrección. La
iglesia de hoy después de casi 20 siglos también necesita ajustes. Cualquiera que honestamente vea la iglesia puede atestiguar al respecto.

El gran apóstol Pablo asignó al joven Tito su ayudante a las Iglesias en Creta con el mandato de poner las cosas en orden y establecer ancianos. (Tito 1:5)  
Esta frase “poner cosas en orden” implica que las cosas estaban en desorden o fuera de lugar. Pudo haberse referido a que había una mala estructura
establecida, o a lo mejor ciertas prioridades necesitaban ajuste. Cualquiera que fueren los problemas allí, es correcto asumir que el hombre distorsionó el
plan de Dios para Su iglesia al implementar ideas carnales, nociones equivocadas, y prácticas impías en ella. Esto es lo que aparentemente ya le había
sucedido a estas Iglesias que Pablo menciona a Tito. Poner en orden las cosas que faltan es hacer lo correcto o establecerlas de vuelta al plan original de
Dios. Esta era la misión de Tito, y es nuestra misión también en la iglesia de hoy.

Debemos primero determinar lo que está fuera de orden en la iglesia de hoy.  Discutamos algunas de las posibilidades:  

a)        Nuestras creencias pudieron haberse convertido en no-bíblicas y contrarias a la voluntad de Dios.

b)        Nuestras prácticas religiosas también pudieron haberse convertido en no-bíblicas, ritualísticas y muertas.

c)        Nuestras tradiciones pudieron haberse desviado de las de nuestros padres espirituales – los apóstoles de Dios.

d)        La estructura gubernamental de nuestra iglesia local pudo haberse contaminado con pensamientos carnales y sido hecho modelo según los caminos
de los hombres.

e)        Nuestras líneas de autoridad y responsabilidad puede estar invertidas o incorrectamente establecidas.

f)        Los espacios en nuestra iglesia de tiempo, unción, finanzas, y disponibilidad posiblemente estén siendo mal usados o maltratados.

g)        O, todo lo arriba mencionado.

Existe solo una iglesia, como vemos en Efesios 4:4; sin embargo, por el bien de este estudio nos enfocaremos en la comunión de la iglesia local. La razón
para esto es porque en el plan de Dios la iglesia local debía ser auto-suficiente y auto-gobernada, y al mismo tiempo una parte integral de una red altamente
conectada de iglesias locales. La red total es lo que se llama la Iglesia.

Como podemos ver del mandamiento que le fue dado al joven Tito, Pablo tenía la autoridad espiritual para enviar a Tito en esta misión de reparar  Iglesias.
El no iba a ser tan descarado como para presumir tal nivel alto de autoridad; ciertamente, él entendió, como también las iglesias a las cuales envió a Tito,
entendieron que él estaba bajo la autoridad delegada de Jesucristo como Su apóstol. De este y otros pasajes, podemos vislumbrar cómo debe ser la
estructura de la iglesia. Debe estar bajo autoridad apostólica. Cualquier iglesia local en particular está gubernamentalmente “en orden” cuando Jesús haya
asignado a Su apóstol sobre ella.

Esa iglesia puede o no estar directamente bajo el liderazgo de su apóstol. Santiago fue un apóstol que en realidad funcionó como pastor de la iglesia de
Jerusalén; mientras que, Pedro y Pablo también funcionaban como apóstoles mas no pastoreaban iglesias por ningún período largo de tiempo. Las iglesias
bajo estos hombres tenían supervisores o ancianos (pastores, maestros, profetas) que se encargaban de las tareas propias del pastoreo. Cualquiera de los
dos formatos es permisible y posible. Recuerda: es el Señor Jesucristo quien toma tales determinaciones de liderazgo en la iglesia. Las cosas se salen de
orden cuando el hombre entra y “llama” a hombres a tales posiciones. (Efesios 4:11)  

Así que, lo primero que la iglesia local debe hacer es evaluar su estructura gubernamental. Si esa iglesia no fue dada a luz por un apóstol y/o no está en el
presente bajo la autoridad espiritual de uno, esto debe ser corregido. El pastor y los líderes de la iglesia deben buscar el rostro de Dios en cuanto a quién es
Su elección para pastorear al pastor de esa iglesia. Hecha esa determinación, el apóstol es presentado y el plan de Dios implementado.

Dios le concede a Su apóstol la tarea de establecer las cosas en orden en esa iglesia. El Espíritu de Dios le hablará a él en cuanto a quien debe ocupar los
trabajos principales de liderazgo; o como la Biblia los llama: ancianos. Estos son asignados por Dios a través del apóstol junto con el consejo de los
ancianos, no son elegidos. Son instalados por la imposición de manos, o lo que nosotros llamamos ordenación.

La familia de la iglesia local es instruida por el pastor; él está bajo la autoridad del apóstol y trabaja junto con los otros ancianos dentro de la iglesia. Esto se
hace con el fin de que ellos entiendan cómo funcionar en un entorno de iglesia diferente al que ellos están acostumbrados. Se hace evidente a los santos
que las cosas han cambiado. La forma en la que la iglesia toma decisiones ha cambiado. No más los rangos ni filas de bancas “se guían a sí mismos” a
través del voto u elecciones, sino ponen su confianza en Dios al someterse a Su voluntad, la cual es revelada e implementada a través de sus ancianos. Se
necesita fe – fe en Dios, fe en Su palabra, y fe en la habilidad de los líderes que Él ha asignado para escuchar Su voz.

Como puede verse por la descripción de esta iglesia que es puesta en orden, este nuevo sistema de gobierno es en realidad muy simple. No hay comités ni
sub-comités, ni procesos burocráticos a través de los cuales debamos trabajar con esfuerzo doloroso para que las cosas salgan bien. La necesidad de
reglas y regulaciones complicadas no existe más. La Palabra de Dios se ha convertido en el “manual” de la iglesia. Los hombres de Dios hacen referencia a
este manual para obtener guía bajo el liderazgo del Espíritu Santo. Mientras oran y ayunan y buscan el rostro de Dios, Él les muestra Su voluntad y ellos en
turno pasan Sus palabras a la congregación. En esta forma Jesús es ciertamente la Cabeza de la iglesia.

Debe ser notado que este sistema gubernamental en ninguna forma le quita méritos a la verdad de que todos y cada uno de los creyentes guiados por el
Espíritu tienen la habilidad de escuchar de Dios directamente. Dios no le habla al apóstol ni a otros líderes para guiar las vidas individuales de los santos. El
Espíritu guiará a Sus santos individualmente. Él habla al liderazgo de Su iglesia acerca de la dirección del cuerpo corporativo de la iglesia y en asuntos que
pertenecen al grupo en general. Dios siempre habla siguiendo las líneas de autoridad. El esposo y la esposa son la autoridad establecida en casa. Es por
eso que Él les habla directamente a ellos acerca de su matrimonio e hijos y otros asuntos personales. Mientras que, Él ha establecido en su lugar al apóstol
y otros ancianos en la iglesia, y es a través de ellos que guiará los asuntos de esa congregación. El abuso y mal uso de la autoridad espiritual se presenta
cuando los ancianos de la iglesia intentan guiar a la congregación desde un escenario propio e individual.

CAPITULO 4 - ADVERTENCIA: ¡LA IGLESIA SIN-LIDERES!

Es sugerido por algunos escritores que dentro de la iglesia no existe separación entre los clérigos y los laicos. La idea es que todos nosotros somos las
ovejas del Gran Pastor y el hacer cualquier distinción está equivocado y establece una jerarquía hecha-por-hombre que se opone al perfecto plan de Dios
para Su pueblo. Los abusos carnales que eran prevalentes en la iglesia católica de la Edad Media son apuntados como el lugar de inicio de este mal. Esto
no quiere decir que la Iglesia Católica de hoy continua laborando bajo estos abusos.

La pregunta entonces es determinar si en realidad esto es cierto. ¿No existe en realidad distinción entre clérigos y laicos? Probablemente debamos primero
desechar la noción de que estos términos son bíblicos. No lo son. Por esa razón es más conveniente para este estudio usar otros términos. En lugar de
clérigos podemos usar palabras como: líderes, ministros ordenados, ancianos, o supervisores. Y en lugar de la palabra laico podemos sustituir palabras
como creyentes, seguidores, personas no-ordenadas, o santos. De modo que re-estructuremos la pregunta para que lea así: “¿No existe en realidad
distinción en la iglesia entre ancianos y santos?”  Escogí estas palabras ya que son palabras sustentadas en la Biblia y por tanto las podemos estudiar
directamente de la Palabra de Dios.

Esta pregunta está basada en la noción de igualdad. Sugiere que todo el que nace de nuevo por el Espíritu de Dios es igual ante los ojos de Dios. Dios sí
ama a cada uno de Sus hijos de igual manera y no muestra ningún favoritismo de alguno sobre otro. Estas son verdades sustentadas por la Biblia. Sin
embargo, cómo trabaja el Reino de Dios en la tierra es en realidad la pregunta en mano, y no si un creyente es más amado o más importante o más algo que
otro ante los ojos de Dios. Por eso es que veremos de la Palabra de Dios que ciertamente si existe dentro de la iglesia de Jesucristo una clara distinción
entre aquellos que son llamados por Dios a ser líderes y aquellos que son llamados por Dios para ser liderados.

El estudio de la iglesia tiene sus raíces en el Antiguo Testamento y cualquier estudio académico concienzudo debe incluir tales excursiones en los escritos
Judíos antiguos; sin embargo, limitaremos nuestra discusión al Nuevo Testamento basados en la verdad encontrada en Efesios 2:19-20  “Así que ya no sois
extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas,
siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo.”

Jesús fue el que dio a luz lo que ahora llamamos la iglesia, y es el Nuevo Testamento el que trata desde entonces con el período de tiempo de Su vida sobre
la tierra y el de Sus discípulos. De modo que será de las páginas del Nuevo Testamento que encontraremos lo que estamos buscando.

Lee Efesios 4:11-12.  El verso 11 dice que Jesús ha llamado a ciertas personas para ocupar ciertos oficios en Su iglesia. Evidentemente estos cinco grupos
de personas forman algún tipo de categoría definida porque el verso 12 muestra que son llamados a  llevar a cabo una cierta función con respecto a otra
categoría de personas. El primer grupo la Biblia lo llama “los ancianos,” y son comisionados divinamente para equipar a “los santos” para servicio del
ministerio. “Los santos”  aparentemente comprenden una segunda y definida categoría dentro de la iglesia. La primera categoría es separada por Jesús para
equipar la segunda categoría para hacer trabajo del Reino.  ¿Acaso no es claro que lo que vemos en este pasaje es la existencia de dos categorías de
creyentes separadas y distintas?

Lee Santiago 3:1.  Este simple verso revela definitivamente la existencia de dos niveles de responsabilidad y el juicio que acompaña a cada uno. El apóstol
Santiago usa el término “maestros” pero debe hacerse notar que eran los ancianos los comisionados para enseñar en la iglesia. (I Timoteo 3:2)  Es por eso
que podemos correctamente deducir que la amonestación de Santiago revela estas dos distintas categorías dentro de la iglesia.

Lee I Timoteo 3:1-7.  Este pasaje nos muestra que el líder en la iglesia debe pasar una prueba rigurosa antes de poder entrar en su estado oficial de
anciano. No existe tal tipo de prueba para los santos de Dios. Aún los siguientes 6 versos que tratan con probar a los diáconos (los cuales son personas
laicas asignadas a un nivel mayor de servicio) no se comparan en intensidad ni compromiso con los versos 1-7 que tratan con los ancianos.   

Lee I Timoteo 5:17-20.  Aquí vemos una vez más una clara referencia a estas dos categorías en la iglesia. Los líderes que lo hacen bien han de recibir doble
honor del resto de la iglesia. Nota que el anciano recibe su salario como resultado de las obras que hace dentro de la iglesia. (ver I Corintios 9:14)  Ningún
lugar en la Escritura implica o sugiere que los santos reciben compensación por sus labores en la iglesia. Esta verdad nos ayuda a aceptar la realidad de
esta distinción entre ancianos y santos.

Los líderes acarrean un juicio más estricto por los pecados del que reciben aquellos a quienes lideran. Nota en el verso 20 que los ancianos que pecan son
reprendidos en la presencia de todos.  Los santos no tienen que resistir tal humillación; su corrección viene a puerta cerrada y con gentileza. Los líderes son
separados y diferentes en este aspecto de aquellos a quienes lideran. Es verdad: ¡a quien mucho se le da, mucho se le requiere!

Lee Hebreos 13.  El verso 7 usa la frase “aquellos que gobiernan sobre ti.”  La palabra “gobiernan” también puede interpretarse como “dirigen.” ¿Usaría el
autor del Libro de Hebreos terminología como esta si no fuese así dentro de la iglesia? No creo. También es bueno notar por qué la instrucción es dada a los
santos quienes tienen el mandamiento de recordar a sus líderes. La razón es porque ellos deben ser ejemplos de hombres y mujeres de Dios llenos de fe y
que han de ser modelos a seguir para sus vidas. Dios, por tanto no ha establecido líderes sin propósito. Ellos han de ser ejemplos a otros de lo maravilloso
que son las promesas de Dios.

El verso 17 de Hebreos 13 revela otra dimensión del liderazgo que existe por la voluntad de Dios dentro de Su iglesia. Los santos de Dios tienen el
mandamiento de ser obedientes a sus líderes espirituales porque en tal hacer sus almas estarán protegidas. El liderazgo en la iglesia está allí para guardar
al pueblo de Dios de falsa doctrina y de cualquier cosa que sea enviada para traer confusión, división, o destrucción. El amor de Dios por Su pueblo se
muestra en el hecho de que Él ha instalado ciertas personas para proteger a las otras.

Lee I Pedro 5:1-4.  Una vez más vemos referencias hechas de ancianos siendo distinguidos del resto del cuerpo de la iglesia. Aquí los ancianos son
ordenados a “…apacentar la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella…”  El cuidado mencionado es simplemente liderar las personas.  A
menos de que fuesen lideres llamados a hacer esto, Pedro el apóstol no hubiera mencionado ancianos ni tampoco les diría que asumieran autoridad que no
tuviesen en la cual operar.

No necesitamos hacer más referencias de pasajes de Escritura para respaldar aún más lo que evidentemente es verdad.  Hay dos claras categorías de
creyentes dentro de la iglesia – una categoría es llamada a liderar, la otra es llamada a seguir.

Aquellos que lideran no lo hacen por voluntad propia. Son designados por Dios y ungidos sobrenaturalmente para hacer la obra a la cual son llamados. No
son más santos ni deben ser venerados como una super-clase de santos. No poseen ningún estatus especial con Dios. No son más justos, ni se les ha dado
privilegios especiales en el Reino. Son personas de carne y sangre y redimidas como todos los demás. Pero han de ser honrados por los santos y se les ha
de conceder el honor simplemente en base al trabajo que hacen.

Mi deseo es que este corto discurso traiga luz en este tema ayudando a desactivar lo que yo veo trabajando contra la iglesia de Dios en forma de una
peligrosa corriente subterránea. Una iglesia sin líderes es anti-bíblica; y como resultado, cualquier cosa sin líder es peligrosa.  Todos asentiríamos que han
habido instancias de mal uso y abuso de autoridad que podrían destacarse en muchos campos y denominaciones; esto ha dado paso a lo que se le ha
llamado comunismo espiritual. Pero a pesar de estas instancias malévolas de mal uso de autoridad, es un error rebotar demasiado al otro lado e intentar re-
diseñar el liderazgo espiritual que Dios claramente a establecido en Su iglesia. Ciertamente Dios lo ha diseñado para que existan líderes y quienes sean
liderados.

Yo he tenido la oportunidad de trabajar con cientos de iglesias, pastores, y líderes de Iglesias a través de los años, y esto ha probado ser invaluable en ser
capaz de evaluar la condición del Cuerpo de Cristo y poder ver lo que hay en realidad afuera especialmente a nivel de iglesia local. Una de las preguntas
que normalmente hago a un pastor es: “¿Cómo está estructurada tu iglesia local?” ¡Hay tantas respuestas como las hay de preguntas! Escucho acerca de
todo tipo de sistemas de gobierno en las iglesias; desde “no creemos en ninguna forma de gobierno; simplemente somos guiados por el Espíritu” hasta unas
muy elaboradas y complicadas organizaciones formadas por comités, sub-comités, y así. ¡Que estudio tan interesante!

Una cosa aún causa que me asombre, cómo cada uno de nosotros puede estar usando el mismo “manual de gobierno para la iglesia” sin embargo cada uno
de nosotros deriva de él una forma totalmente diferente de gobierno eclesiástico. En realidad, esto no debería causarme el menor pensamiento al hecho de
que esto también es verdad con respecto a toda otra doctrina bíblica. Sin embargo, mi mayor preocupación es que esto ha causado confusión y división
dentro del Cuerpo de Cristo.

El gobierno de la iglesia es una de esas doctrinas que yo estimo de periferia en lugar de central. Una doctrina de periferia es aquella que no es necesaria
para nuestra salvación. Adoremos en sábado o en domingo es una doctrina de periferia. Comer carne o tomar vino o escoger no hacer ninguna de ellas, es
doctrina de periferia. Pero, aceptar o no la divinidad como también la humanidad de Jesús no es de periferia, es central para nuestra fe y absolutamente
necesario para nuestra salvación. El gobierno de la iglesia es de periferia. Es importante (como lo son las demás) pero aún en error podemos ser
encontrados justos y dignos de la eternidad con Jesucristo nuestro Señor. La “máquina” de nuestra iglesia local puede estar utilizando solo 2 de los 8
cilindros, por causa de ignorancia o rechazo a la verdad, pero cuando menos está encendida y andando.

CAPITULO 5 – ANCIANOS EN LA IGLESIA

El gobierno de la iglesia local es en realidad muy simple. Dios lo hizo así – el hombre lo ha ensuciado y hecho complejo e ineficiente. He aquí en términos
muy simples: Dios habla a aquellos que Él ha ordenado como ancianos en la iglesia, y ellos Lo obedecen. Eso es todo. Cualquier otra cosa es relleno.

En la iglesia donde yo crecí, puedo recordar los tiempos cuando nos reuníamos en el santuario para tomar decisiones muy importantes. No podía esperar a
cumplir los 15 (la edad para votar en nuestra denominación) para poder ser importante y emitir mi voto junto con todos los demás. Discutíamos a grandes
rasgos tales asuntos como quien sería nuestro Pastor o nuestro superintendente de Escuela Dominical, o si debíamos comprar tal y tal propiedad cerca de la
iglesia para tener espacio adicional para la Escuela Dominical o una casa. Sin importar el asunto que estuviéramos tratando, yo me sentía muy importante
por estar ayudando a decidir la dirección de “nuestra” iglesia.

El día llegó cuando debíamos escoger nuestro siguiente pastor, “El Rev. Fuzzy Whiskers,” sintió el llamado a tomar una iglesia más grande en otro estado y
nos dejó a la deriva.  [como una nota aparte: Encuentro interesante que los pastores pocas veces sientan el llamado a tomar una iglesia más chica o una en
situación difícil – siempre una más grande y mejor] Elegimos un comité de púlpito comprendido por lo mejor y lo más brillante de la iglesia. Ellos iniciaron la
ardua tarea de hallar nuestro siguiente pastor. Uno por uno los aplicantes llenaron el púlpito y predicaron con todo el corazón, tratando de ganar nuestro
favor y nuestro voto. En no muchas semanas el comité de púlpito presentó a la familia de la iglesia 3 nombres de los mejores y más brillantes de los de
nuestra denominación. Estos candidatos fueron escrudiñados completamente por todos los presentes. Recuerdo haber pensado que pasaría si
escogiéramos al hombre equivocado. ¿Se enojaría Dios? ¿O, simplemente entendería que éramos simples mortales tratando de hacer Su voluntad lo mejor
que podíamos?

Tomamos nuestra decisión y nos regocijamos en ella. El candidato #2 fue el ganador.  ¡Wow, que credenciales tenía! Su antiguo superintendente de distrito
nos lo presentó con brillantes recomendaciones; nos sentimos muy bien porque sabíamos que habíamos oído a Dios y hecho Su voluntad en haber
contratado al “Pastor Jones.”

Al “Pastor Jones” le tomó solo unos cuantos años para casi destruir nuestra maravillosa pequeña iglesia de pueblo. Casi cualquier cosa que podía salir mal
salió mal bajo su liderazgo. Nos sentimos grandemente aliviados cuando le dijimos adiós. Rápidamente llamamos otra junta de iglesia para discutir el buscar
nuestro nuevo pastor. (sigh)

Todos teníamos buenas intenciones. Simplemente estábamos haciendo lo que nuestro manual de iglesia nos decía que hiciéramos para encontrar un pastor.
Después de todo, nuestros padres en la fe elaboraron nuestro manual de iglesia, de modo que debía estar correcto y en acuerdo con la voluntad de Dios.
Estábamos confiados en nuestra iglesia y en nuestra denominación porque había permanecido por décadas y parecía bueno y completo; no teníamos razón
para creer que algo estaba mal.

CAPITULO 6 – ESTRUCTURA EN LA IGLESIA LOCAL

Recuerdo bien el día. Dos de nuestros congregantes me llamaron pidiendo verme “¡hoy, Pastor, es urgente!” Con gusto les di una cita. Sin embargo, las
noticias que llevaban ese día eran todo menos “buenas.” Ese fue uno de los días más desoladores de mi vida.

Me senté en asombro mientras ellos me relataban conversaciones que habían tenido con ciertos líderes clave en nuestra iglesia y quienes se habían
acercado a ellos unos días antes. Algunos de nuestros ancianos y diáconos estaban planeando un sabotaje en unos cuantos días, estaban planeado
apoderarse de la iglesia. Este aviso oportuno nos mantuvo de ser atraídos a la reunión en la cual mi esposa y yo íbamos a ser golpeados duramente y
ceremoniosamente despedidos. Estuvimos para siempre agradecidos con el Señor por esta linda pareja con integridad que ayudó a evitar esta horrible
experiencia. Aún y cuando esa horrible reunión fue evitada, experimentamos lo que nunca hubiéramos soñado sucedería en nuestra iglesia es decir, una
división de la iglesia.

Recuerdo esas dos semanas en el verano de 1995 y aún soy incapaz de entender lo en realidad sucedió. Hubo tal remolino de confusión y destrucción que
nada tenía sentido. La iglesia perdió cerca de 1/3 de nuestra familia por causa de este levantamiento. Le tomó a la iglesia meses para recuperarse de la
destrucción; le tomó años de recuperación al pastor y su esposa.

Como la mayoría de nosotros normalmente hacemos, deseaba tanto culpar a esos tal y tal rebeldes por destrozar nuestra maravillosa iglesia; sin embargo,
como enseño a todos los “MIT” [ministros-en-entrenamiento], “La culpa por toda y cualquier cosa que sucede en tu iglesia descansa en la persona que
vieron en el espejo esta mañana.”  Eso parece una declaración dura, pero la verdad del asunto es esta: Dios mira al que está en autoridad, a quien Él ha
puesto allí como administrador de esa parte de Su reino. ¡El pastor, por tanto acarrea un tremendo peso de responsabilidad!

Desde luego cuando miramos atrás lo sucedido, las cosas se ven mucho más claras para nosotros, y esta situación que sucedió en el verano de 1995 no es
nada diferente. Fue un caso de no haber enseñado a mi pueblo bien con respecto a asuntos de autoridad en la iglesia y gobierno en la iglesia. No siento
ninguna condenación sobre esto por causa de la maravillosa gracia de Dios y porque fue durante estos años que yo mismo estaba aprendiendo acerca de
tales cosas. El impulso y tradiciones de toda iglesia la acarrean en la dirección general en la cual inició y entre más tiempo continúe en esa dirección general
más difícil será cambiar su rumbo. Yo me di cuenta de esto de la forma dura.

Las exposiciones que yo he tenido en mi vida acerca de gobiernos de iglesia normalmente han seguido el mismo modelo básico, el cual es tener un pastor
que ha sido contratado para llenar la posición pastoral en una iglesia local por medio de una congregación o un comité delegado. La iglesia normalmente
tiene algún tipo de consejeros o comité que en su mayor parte decide lo que sucederá. Normalmente existe algún tipo de procedimiento de votación en la
congregación de la iglesia que dicta los negocios de la iglesia. Y así sigue la iglesia local.

Cuando llegó el tiempo que yo tomara el timón de una iglesia como pastor, mi único cuadro de referencia eran esas exposiciones que había tenido a través
de mi vida en las Iglesias que acudía. Por tanto, diseñé nuestra recién nacida iglesia con lo que yo suponía era la forma correcta de hacer las cosas.
Formamos un Consejo de Diáconos. Para ese tiempo en mi desarrollo doctrinal, ya había determinado de la Escritura que los diáconos no fueron diseñados
para ser líderes espirituales sino hombres que servían a la congregación en asuntos de naturaleza natural, como atender mesas. (Hechos 6) Sabía que
también había un nivel de personas – la Biblia los llama ancianos – a quienes se les asignaban las tareas de liderar la familia de la iglesia en asuntos
espirituales tales como enseñar, predicar, consejería y oficiar ceremonias. De modo que, dentro de un período de cinco años teníamos ya nuestro Consejo
de Ancianos junto con el Consejo de Diáconos. ¿Oh por cierto, mencioné que también teníamos un Consejo de Fideicomiso? (Personas que manejaban los
asuntos legales y financieros de la iglesia) A lo mejor nuestra iglesia era el modelo a seguir en cuanto a numerosos consejos.

Por naturaleza yo soy una persona detallada, de modo que nuestra iglesia no estaba falta de estructura. Cada consejo tenía sus reglas muy cuidadosamente
estructuradas además de políticas y procedimientos por medio de las cuales debían guiarse para hacer lo que les fue comisionado. Cuando yo elaboré la
estructura de nuestra iglesia en papel y la establecí, me sentí muy bien al ver tal creación de maravilloso y complicado diseño. Sentía que sin lugar a duda
todos los seminarios en el país estarían tocando nuestra puerta para estudiar el modelo de nuestra iglesia, y desde luego se quedarían totalmente
asombrados.  

Lo que tomó 8 años para construirse fue traído a sus rodillas casi instantáneamente en ese período de dos semanas en el verano de 1995. Lo que se veía
tan bien ahora estaba en ruinas con columnas de humo aun levantándose. Las bajas de la guerra estaban todo alrededor. Aún y cuando no eran cuerpos
físicos, los espíritus heridos de muchas personas estaban por doquier. Algunos se fueron, otros se quedaron, pero todos fuimos heridos. Aún puedo sentir el
dolor mientras caminaba por el vestíbulo vacío durante la semana posterior a la batalla principal. Mientras contemplaba los techos de 20 pies de alto de ese
precioso vestíbulo que todos habíamos trabajado tanto para diseñarlo y construirlo, ahora se veía tan feo y de alguna forma manchado y sin brillo.

Me pregunto, ¿qué hubiera sido diferente si me hubiera tomado el tiempo para instruir adecuadamente a la familia de nuestra iglesia sobre gobierno en las
Iglesias en lugar de hacer cambios arbitrarios en ella mientras aprendía lo que era correcto y apropiado? Esos años tempranos de la iglesia fueron un
proceso de cambio para mí. En la medida que descubría las verdades bíblicas acerca de gobernar la iglesia de Dios, implementaba el cambio que
correspondía. Lo que yo estaba haciendo era bueno y correcto, pero la forma en la que estaba llevando a cabo esos cambios no era buena ni correcta. Debí
haberme tomado el tiempo para cuidadosamente voltear el avión de carga en lugar de simplemente voltearlo en su lugar. Como me daría cuenta en la gran
conmoción del 95, mi disposición para hacer cambios fue vista en forma de un dictador. Mi corazón era correcto, pero mi descuido trajo mucho dolor de
corazón a mi familia como también a varios cientos de santos. Por esto estoy muy arrepentido. ¡Oh! Que hubiera podido aprender esa lección sin tal
destrucción.

Una razón por la que este libro es escrito es para ayudar a pastores y líderes de iglesia a ver la verdad y primero que todo ajustarse ellos mismos a esa
verdad y luego también ajustar sus Iglesias. Es mi deseo que la destrucción que viene de tales cosas como la división de una iglesia y rebeliones pueda ser
evitada en todos los casos y la unidad por la que Jesús oró sea mantenida. (Juan 17:21) Si estas cosas han de ser evitadas en tu iglesia, pastor, te haría
bien empezar pronto a aprender la forma de Dios para gobernar la iglesia y luego darte a la tarea de enseñarla a los líderes de tu iglesia y a la congregación
que Dios te dio para cuidar. ¿Será fácil? Te puedo asegurar que este camino presentará topes y baches por estar tan alejado de algunas tradiciones de la
iglesia en la cual muchos miembros dentro de la iglesia serán llevados de encuentro. Pero, si tú estás dispuesto a hacer el trabajo arduo y ser fuerte y tenaz,
tú comerás de los frutos de las bendiciones y favores de Dios. Yo digo, “Amén.”

“Así que,” tu preguntas, “¿Qué hubieras hecho diferente, Pastor?” Hay muchas cosas que hubiera hecho diferente, pero comencemos con esos consejos
que creamos.

Permíteme primero que todo disipar la noción de que yo abogo por tener “un solo hombre” en control de la iglesia local. Es un tonto el que piensa ser
totalmente suficiente para esa tarea. La Biblia nos instruye a buscar consejo divino y hallar seguridad en ello. Así que yo apoyo el buscar consejo y permitirle
al Espíritu de Dios abrir mis ojos a las cosas que de otra manera sería incapaz de ver. Es mi opinión que esto es precisamente de lo que debe tratarse un
comité de consejo – dar consejo cuando este es buscado. Podría ir tan lejos como decir que probablemente es más apropiado llamar estos grupos un
“Concilio” en lugar de “Consejo.” La diferencia básica en mi forma de pensar es que un consejo es autorizado para tomar decisiones, mientras que, un
concilio existe para dar consejería de modo que el que busca el consejo pueda tomar la decisión.

La iglesia local es en realidad una extensión del hombre a quien Dios ha levantado para desarrollar una cierta tarea y completar una visión específica. Este
hombre es el pastor; él lidera la iglesia. La iglesia no es liderada por un comité, no es liderada por algún grupo electo o delegado, no es liderado por la
congregación en general, es liderada por el escogido de Dios. Nosotros le llamamos Pastor.  Con ese entendimiento en su lugar, no es difícil ver el propósito
en un concilio. El propósito en un concilio es dar consejo cuando es solicitado por el pastor de modo que el visionario pueda ser completamente capaz de
seguir el plan de Dios. Ver la visión con gran detalle o conocer qué pasos tomar en cualquier tiempo puede demandar el tener otros ojos que vean junto con
el pastor. Puede requerir un grupo de intercesores que conozcan a Dios y que conozcan Su voz y en quienes tu tengas gran respeto y confianza. Que
poderosa ecuación:

                                                   Jesús + Su pastor+ Un concilio piadoso + creyentes con poder = ¡El plan de Dios manifestado!

Lo que ves en esta simple ecuación es en ridad el modelo para el gobierno de iglesias locales. Jesús es la Cabeza, el pastor es Su emisario, y el concilio
funciona como sus consejeros e intercesores. Concedido que parece demasiado simple y en nada impresionante ante los estándares del mundo, sin
embargo producirá la voluntad de Dios y será el formato a través del cual Dios hará lo suyo y Su plan divino para la iglesia será completado. ¡Qué más
podemos desear! ¿Acaso hay más para la iglesia local que simplemente un pastor y su concilio? Ciertamente sí. Existe necesidad de una estructura
funcional. La Palabra es muy clara en que hay numerosos dones que Dios a dado a la iglesia: los dones para el ministerio (Efesios 4:11), los dones
espirituales (I Corintios 12), y los dones funcionales. (Romanos 12) Cada uno tiene su lugar y cada uno es necesario.

La iglesia exitosa utiliza todos los dones que Dios a dado; sin embargo, sí se lleva cuando menos una medida de estructura en la iglesia para que estos
operen en unidad y con precisión. Es por eso que Dios dirigirá a Su pastor para designar a ciertas personas para operar como Él escoja con los dones y
gracia distribuidos en ellos. ¡La iglesia en donde todos los dones están siendo usados es ciertamente un lugar glorioso de ver!

Cuando hablamos de estructura en la iglesia local es bueno recordarnos que Jesús compara Su pueblo (y Su iglesia) con una nueva piel de vino, la cual es
flexible y fácil de moldear. Debemos tener cuidado de construir la iglesia local de tal manera que le permitamos por así decirlo, respirar. Eso significa que no
moldeamos cosas en piedra sino que diseñamos cada faceta de nuestra iglesia sabiendo que en cualquier momento Jesús puede alterar para encajar Su
necesidad para esa hora. Nuestras políticas y procedimientos siempre acarrean con ellos el aviso “Hasta que Jesús cambia esto.” Cada uno de nosotros
independientemente de nuestras tareas asignadas debemos recordar que servimos al Señor Jesucristo y no al hombre ni a nosotros mismos. Eso puede
resultar en que funcionemos en nuestro trabajo por solo uno o dos años en lugar del resto de nuestra vida aún y cuando lo que estemos haciendo se sienta
bien, lo disfrutamos pero sabemos que Dios nos puso allí. Después de todo, Él es aún la Cabeza de nuestra iglesia y Él en sí mismo se reserve el derecho de
enviarnos como bien le parezca. Debemos aprender sumisión y obediencia y en esto agradaremos a nuestro Padre celestial. Sin importar cual sea nuestro
trabajo en la iglesia, debemos recordarnos a menudo que somos siervos de Cristo. Nosotros los que lideramos no somos menos siervos que los voluntarios
de diferentes rangos que mueven hacia adelante nuestra iglesia local. Todos nosotros somos siervos. Eso simplemente significa que seguimos direcciones
dadas por nuestro Maestro. Él habla y nosotros obedecemos. En ello está el más maravilloso nivel de éxito que cualquier iglesia local puede alcanzar. No se
trata de cuantos programas podamos desarrollar, o de cuál sea nuestro ritmo numérico de crecimiento, ni tampoco se trata del número de almas que veamos
ganadas para Jesús a nuestro alrededor. El éxito es simplemente tener cuidado de hacer lo que se nos dice. No se mide por los resultados que alcanzamos;
se mide por nuestro corazón – por nuestra disposición de seguir al Señor.

Pastor, te aliento a descubrir qué dones están escondidos en esas bancas. Existen muy buenas herramientas de descubrimiento que ayudan a determinar
nuestros dones. Úsalas. Una vez que conoces qué dones tienen los santos en tu iglesia, úsalos. I encourage you to discover what gifts are hidden in those
pews. There are very good discovery tools that help to determine
our gifts. Use them. Once you know what gifts the saints in your church have, use them. A pesar de lo que pienses de aquel cuyo principal don sea enseñar,
úsalo. Aún aquel que parezca no muy espiritual, su don puede ser el don de misericordia, úsala. La meta aquí, es el ministerio corporal; cada uno (a)
haciendo con su don para la gloria de Jesús. En la medida que veas trabajando este tipo de servicio, dos cosas sucederán: 1 Verás tu iglesia fortalecida y
creciendo, y 2) Sentirás el placer de tu Padre celestial porque Él está viendo al cuerpo funcionar como Él lo diseñó para que funcionara.

CAPITULO 7 - TRANSICIONANDO UNA IGLESIA TRADICIONAL EN UNA IGLESIA APOSTOLICA

A lo mejor uno de los retos más grandes que tenemos ahora que nos estamos moviendo hacia la revelación de la iglesia apostólica es preguntarnos cómo la
iglesia local puede ser cambiada del modelo tradicional al modelo apostólico. Es mi sentir que debemos evitar cualquier intento de sistematizar esta
transición. En otras palabras, la transición de cada iglesia será única y muy diferente a cualquier otra. Ya que cada iglesia tiene su propia personalidad, por
así decirlo, entenderemos que su metamorfosis será única. La necesidad es que cada iglesia reciba los beneficios de la poderosa unción apostólica.

Cualquier transición de este tipo debe ser en acuerdo con el liderazgo actual en la iglesia. No es bueno que un apóstol u otra persona esencialmente fuercen
algo en la iglesia local. El hacerlo sería crear todo otro tipo de problemas que entorpecería la voluntad de Dios para ese cuerpo. El pastor y/o líderes de la
iglesia tienen que recibir primero la revelación de “verdad” acerca del orden apostólico. Debe ser algo que los ilumine y los aliente a moverse más allá de
donde previamente han estado. Esto puede llevarse tiempo. De ser así, el proceso de transición no debe apresurarse. Como con toda cosa nueva que
emprende una iglesia local se necesita de paciencia y sabiduría. Desde luego el Espíritu Santo estará justo allí a través de todo el proceso de cambio para
guiar y traer paz interior.

La iglesia local en transición tiene que determinar bajo cual modelo del Nuevo Testamento se acomoda. La Palabra revela dos claras posibilidades en cuanto
a estructura de iglesia: 1) El modelo de los Corintios, y 2) El modelo de los Efesios.

La relación de un apóstol con la iglesia local dependerá de cuál estructura está establecida. El modelo de los Corintios ocurre del hecho de que la iglesia
local fue ella misma traía a existencia por un apóstol, Pablo fundó la iglesia en Corinto. Por otro lado, la relación de Pablo con la iglesia en Éfeso fue
diferente. El no dio a luz esta iglesia sino habló “Verdad” en ella para instruirla y realzarla; él también impartió la unción apostólica en ella para edificarla y
fortalecerla.

La gran mayoría de Iglesias se encontrarán a sí mismas en el modelo de los Efesios. Su iglesia pudo haber venido a existir por una bien intencionada
denominación, por un pastor ambicioso, o por un grupo de santos celosos que deseaban “más” de lo que su anterior iglesia ofrecía. En cualquier caso, la
iglesia existe ahora.  Es la descripción de una iglesia de Éfeso. Esta sección de nuestro estudio se enfoca en la transición de esta iglesia estilo-Éfeso.

Una vez que el pastor y el liderazgo de la iglesia están totalmente convencidos que desean mover la iglesia hacia un orden apostólico, la primera decisión
lógica que debe tomarse es decidir qué tan lejos desean llegar en esto. Algunos pueden escoger un cambio drástico lo cual modifique completamente todo.   
Desechan lo que tienen y se re-estructuran en una iglesia de Corinto. El modelo de los Corintios se ve así: JESÚS – EL APOSTOL GOBERNANTE – LOS
ANCIANOS DE LA IGLESIA LOCAL (liderados por el Pastor) – LA FAMILIA DE LA IGLESIA.

La iglesia que decide tomar pasos más pequeños y cuidadosos en su transición, creará una estructura que se verá algo así: JESÚS – LOS ANCIANOS
LOCALES DE LA IGLESIA (Liderados por el Pastor) – LOS SANTOS EN LA IGLESIA LOCAL.

La importancia de establecer estructura adecuadamente no puede ser sobre-enfatizada porque esto está creando una relación de pacto en continuo
movimiento. Es bueno hacer notar que a diferencia de la mayoría de los formatos denominacionales, el orden apostólico no crea una unidad organizacional
de ningún tipo. La conexión entre el pastor de la iglesia local y el apóstol es solo de relación. Forma una unión espiritual y no una ligadura organizacional.
Aunque los dos deciden en ciertas cosas para hacer mejor la relación, y esto puede ser logrado mediante un conjunto de reglas. Sin embargo, es bueno
evitar el intentar desarrollar “Un Manual” por medio del cual esta relación sea definida o gobernada. Hacerlo, sería potencialmente crear una plataforma la
cual podría declinar y transformarse en solo una denominación más.

El pastor de la iglesia local esencialmente “retiene” los servicios de un socio espiritual bajo este modelo. Añade a su consejo ministerial alguien quien de
tiempo en tiempo es traído para hacer lo que ninguno de los otros puede hacer. Los otros enseñan, pero cuando el apóstol enseña, se siente diferente. La
razón de esto es que él opera bajo una unción diferente. Predica igual que los demás ministros, mas cuando lo hace el fruto es diferente. El apóstol
reconoce la necesidad de cada uno de los otros oficios de ministerio. No entra al escenario para convertirse en el guru que viene de lejos, o el alto y más
santo de todos, él simplemente toma su lugar junto con los demás ministros para edificar y construir la iglesia en lo que Jesús ha planeado que sea.

Es crítico para el apóstol entender completamente y “ver” la visión que Dios a dado al pastor para la iglesia. El papel del apóstol en todo esto es asistir al
pastor y a los ancianos a completar el plan de Dios, y no el de introducir una nueva visión en todo esto. En la medida que el pastor, los ancianos, y el apóstol
oran juntos y discuten la visión de la iglesia, se hará claro cuál debe ser el papel de cada oficio de ministerio en cuanto a moverse hacia delante en el plan
de Dios. El respeto mutuo entre los que representan los cinco oficios de ministerio fomentará la fuerza que el liderazgo de la iglesia debe tener para lograr lo
que hay en el corazón de Dios.

El pastor (o Pastor principal) retiene la posición primaria entre los Ancianos en el modelo de Éfeso aún después que el apóstol sea establecido en su lugar.
Él es el primero entre iguales. El apóstol está allí para ayudar al pastor, no para dictarle a él. Anima al pastor, lo aconseja, es una mesa de apoyo, una lima
saca filos que como amigo lo levanta a nuevas alturas y lo estimula espiritualmente para liderar su congregación. El beneficio directo para el pastor (y para la
iglesia) en esta relación se incrementará en la medida que la relación misma profundice. Por esta razón es conveniente para los dos invertir tiempo
adecuado en esto.

No hay nada fácil acerca de hacer cambios. Como seres humanos parece que estamos automáticamente en contra. Este puede ser el caso con aquellos
dentro de tu iglesia o con aquellos que están fuera de tu iglesia pero con quien tienes tratos. Una vez que lo hayas orado y estés totalmente convencido que
Dios te está guiando a tomar esa transición para tu iglesia, hazlo independientemente de lo que otros digan. No estás allí para agradarlos a ellos sino para
agradar a Aquel que te está moviendo fuera de la muerte que ha estado presente, hacia la nueva vida en Cristo Jesús y la zona de poder de Su Espíritu.
Amén.

CAPITULO  8 – LA ESFERA APOSTÓLICA

LA  RELACIÓN

Hay una relación rica y única que existe entre el apóstol de Dios seleccionado para gobernar dentro de una esfera de ministerio concedida, y los otros
ministros de los cinco oficios del ministerio (Efesios 4:11) relacionados con esa misma esfera y que están bajo su autoridad apostólica. Esta sección de
nuestro estudio trata con esta relación única.

UNIDAD EN LA ESFERA

La esfera apostólica es una familia espiritual dentro del Cuerpo de Cristo global. Su éxito depende grandemente de que aquellos que están dentro de la
esfera reconozcan y respeten este concepto de familia. Cada ministro individual funciona como un ministerio separado y único que opera dentro de la unción
(es) concedida (s) por Dios: sin embargo, siempre existe ese sentido de pertenecer a la entidad más grande llamada la esfera de la familia. El ministerio es
siempre con la imagen más grande en mente y la preservación de esa unidad es de suma importancia.

Los ministros dentro de esta esfera están en un buen lugar. Están en un lugar seguro. Están bajo la cobertura de Dios porque están bajo el oficio apostólico.
Cada ministro existe como una parte del entero, y no como un ministerio individual. El soporte y fuerza vienen del grupo más grande de colaboradores como
también del apóstol mismo. La esfera apostólica es ciertamente una entidad espiritual poderosa. Es colocada en su lugar por Dios para afectar Su plan en la
tierra y siempre dentro de los límites del territorio asignado.

No hay estructura denominacional que ate a un ministro a la esfera apostólica. Su atadura a la esfera es por relacionarse con el apóstol de Dios. Es
relacional y no estructural. Sus vínculos son de amor, y no formadas por reglamentos ni regulaciones. Esta idea puede entenderse mejor en la medida que
uno estudia la relación que el apóstol Pablo tenía con aquellos que estaban bajo su autoridad, como Timoteo y Tito. Estos hombres reconocían a Pablo como
un padre espiritual, así debe ser el apóstol del Señor para aquellos a quienes Él les ha asignado. Esta relación es íntima y maravillosa. Es fuerte. Perdurable.
Es de pacto.

LATITUD PARA OPERAR

Ministros individuales dentro de la esfera apostólica son vistos como los hombres y mujeres ungidos de Dios que verdaderamente son. Debemos reconocer
en cada uno la unción del Espíritu Santo y rápidamente aceptar como válido el llamado que Dios tiene sobre sus vidas, uno que debe respetarse. Por esta
razón, a cada uno se le da amplia latitud en el ministerio. Cada uno es liberado totalmente para seguir la voz del Señor y para operar dentro de su don
espiritual.

La tarea del apóstol es la de incrementar las labores del Reino de cada ministro, y actuar como fuerza y sostén para ellos. La tarea del apóstol no incluye
manejar los asuntos diarios del ministerio ni involucrarse en las tareas internas del ministerio. Él depende de Dios y de Su unción sobre ese ministro para
guiar los asuntos del ministerio.

La verdadera participación del apóstol en una iglesia o ministerio es siempre bajo la guía del Espíritu Santo y puede ser iniciada en una de dos formas:  a)  El
apóstol puede tomar la iniciativa y acercarse al ministro para ofrecer guía, consejo, o aún corrección en la medida que la necesidad crezca, o b)  El ministro
puede pedir la ayuda del apóstol. Independientemente de cómo se inicie la participación del apóstol la meta es siempre la misma, es decir, satisfacer la
voluntad y plan de Dios para ese ministerio y por tanto para toda la esfera apostólica.

El ministro es sabio en llamar la ayuda y guía del apóstol. Dios ha establecido para él/ella un padre espiritual que pueda ayudar, no solo por los años de
experiencia y conocimiento sino con la unción apostólica que acarrea. A través del contacto estrecho y continuo con el apóstol, el ministro individual y su
ministerio permanecen fuertes y más enfocados, y la esfera apostólica permanece unida y coordinada.

MUTUALIDAD

La esfera apostólica es una familia de ministros y ministerios. Los miembros individuales de la familia dependen uno de otro en muchas formas. Esto es
llamado mutualidad. El concepto de mutualidad es central para una relación de pacto. La mutualidad es algo glorioso de presenciar. Es ilustrado
gráficamente en Hechos  2:42-47 donde vemos a los santos de Dios en la iglesia de Jerusalén viviendo como uno solo en armonía y unidad.

Este concepto de mutualidad es  expandido más aun para nuestro beneficio de estudio en 2 Corintios 8 donde vemos Iglesias que amorosamente se proveen
y suplen unas a otras. Los recursos y bienes dentro de la esfera pertenecían a todos los que estaban dentro de esa esfera. En la medida que una necesidad
se presentaba en una iglesia o ministerio, las otras Iglesias y ministerios se unían para ayudarla y suplir cualquier cosa que faltara.

La clave para la mutualidad es tener por voluntad propia una visión más amplia del ministerio de la que uno tiene en su ministerio particular. En la medida
que veamos nuestro papel como algo integral de una arena más grande de servicio al Reino, la mutualidad será un resultado natural porque tomaremos
personal el bienestar de todos los demás dentro de nuestra esfera. La mutualidad es un contribuyente importante para que la esfera permanezca fuerte y
saludable.

SUMISIÓN A LA AUTORIDAD

Dios es un Dios de orden. Él asigna algunos para liderar ciertas áreas del ministerio dentro de la iglesia en acuerdo con Su plan divino. Del mismo modo que
el ministro tiene una asignatura divina sobre un ministerio en particular, así el apóstol sobre la esfera. El apóstol es el que sobre ve o el Obispo de este
territorio espiritual y Él guía bajo mandato divino.

Ministros que operan desde la esfera reconocen el llamado de Dios sobre el apóstol como el primero entre iguales o el anciano en autoridad. Cada ministro
por decisión voluntaria se somete a la autoridad divina que él posee, entendiendo que proviene de Dios, porque toda autoridad existe por causa de Dios.   

Debe ser dicho que la unción del apóstol no es más importante que los otros oficios de ministerio, sin embargo sí es diferente y su propósito es único, como
lo son los demás. El apóstol es llamado por Dios para pastorear los pastores, evangelistas, profetas y maestros. Para usar una frase con la cual podamos
identificarnos, digamos que hay una cadena de mando dentro de la esfera. Jesús es la Cabeza de la iglesia y Él es por tanto el primer eslabón de la cadena.
Él asigna Su apóstol para liderar y lo comisiona para liderar a aquellos que guían a los santos de Dios en las Iglesias y ministerios. Aún cuando hombres son
usados para formar esta cadena de mando, es la Palabra de Dios acarreada a lo largo de la cadena, la que dicta cómo usarse y qué debe usarse para
lograrlo. Tenemos confianza en la Palabra que sigue esa cadena de mando y por tanto voluntariamente nos sometemos a ella. El sometimiento es por tanto
un asunto de obediencia a Dios en lugar de a meros hombres y sus caprichos. En la medida que confiamos en el orden de Dios dentro de esta esfera y en
Su palabra que lo gobierna, voluntariamente nos sometemos y cosechamos las recompensas de hacer esto.

La autoridad espiritual siempre sigue la Palabra escrita de Dios y claramente es sostenida por ella. Nunca debe ser usada para promover avances
personales ni deseos egoístas del que está en autoridad. La autoridad espiritual siempre busca glorificar a Jesucristo la Cabeza de la iglesia y por tanto será
consistente con Sus enseñanzas, Su vida, y Su ministerio. La autoridad espiritual siempre tiene como su meta el cumplimiento del plan y la voluntad de Dios
para esa esfera de ministerio.
COLOCANDO LAS COSAS EN ORDEN

El oficio de apóstol lleva con él una unción pronunciada para gobernar. El acto de gobernar dentro de la iglesia a menudo involucra colocar ancianos y otros
líderes a través de los cuales Dios llevará a cabo Su plan. En Tito 1:5 el apóstol Pablo instruye al joven Tito, “…para que corrigiese lo deficiente, y
estableciera ancianos en cada ciudad.”  Esta directriz nos revela cómo opera el oficio del apóstol con respecto a las Iglesias locales que están dentro de la
medida de su esfera. Él (o su representante asignado) sondea espiritualmente la iglesia/ministerio y toma cualesquier medida necesaria para establecer el
orden; en otras palabras, arreglar lo quebrado e improductivo y añadir lo que está faltando. La meta siempre es cumplir la perfecta voluntad de Dios para
esa iglesia/ministerio.

El concepto de establecer las cosas en orden puede significar varias cosas. Primero que todo, puede significar ayudar a solucionar  problemas
interpersonales dentro de la iglesia. Puede ser ayudar a solucionar algún cuello de botella administrativo que necesita la aplicación de la sabiduría de Dios.
Puede ser un anciano o pastor u otro líder con necesidad de consejería, guía  o corrección. O, puede involucrar tomar la decisión sobre algún asunto
doctrinal que haya causado una fisura en el cuerpo. En cualquier caso, es aplicar la Palabra de Dios a la situación bajo la poderosa unción del apóstol y a
través de la dirección del Espíritu Santo. Establece en orden las cosas que necesitan cambio.

Definamos “establecer en orden” como: en acuerdo con el plan divino de Dios. Es la responsabilidad del apóstol discernir la voluntad de Dios y llevarla a
cabo. Haciendo esto, las cosas son puestas en orden.

APOYO FINANCIERO DEL APOSTOL

De acuerdo a la Biblia, es la voluntad de Dios para todos Sus hijos que prosperen financieramente. El apóstol no es la excepción a esta verdad. La situación
ideal es que el apóstol tenga la suficiente entrada personal como para no tener que trabajar hacienda tiendas. Como sabemos, la efectividad del trabajo de
los siervos de Dios aumenta dramáticamente cuando son capaces de dedicar todo su tiempo a las labores del Reino. Esta es nuestra meta dentro de la
esfera.

Ministros que miran al apóstol como padre espiritual son responsables por su bien estar financiero. El medio por el cual su responsabilidad es llevada a cabo
es el diezmo. El diezmo vuelve a los pasos de la línea de autoridad; por tanto, el apóstol recibe diezmos de aquellos bajo su autoridad espiritual. Este
concepto se extiende más allá del diezmo de la entrada personal de ministros individuales; también incluye el diezmo corporativo del ministerio o iglesia. El
diezmo corporativo es pagado a Ministerios de Pacto Internacional para capacitar al ministerio en llevar a cabo sus funciones de vigilar y servir a los siervos
de Dios. En esta forma el plan de Dios siempre es cumplido.

CAPITULO 9 – LA IGLESIA LOCAL ES UNA EXTENSIÓN DEL HOMBRE ESCOGIDO POR DIOS

Uno de los conceptos más radicales que he encontrado en este descubrimiento de la verdad acerca de la iglesia de Dios es el aspecto de propiedad de la
iglesia local. ¡A la mejor querrás amarrarte los cinturones para esta verdad!

Si le pidiéramos a la Sra. Brown remontarse al pasado a la concepción y crecimiento de su iglesia local, “First Sunshine Church,” así es como se vería. Ella
podría recordar el tiempo y el lugar cuando nuestra iglesia comenzó y nosotros podríamos encontrar probablemente la lista de las cinco familias que vinieron
juntas con el sueño de hacerla. Sus principios fueron precarios e insignificantes, pero ahora después de 63 años nuestra iglesia está relativamente bien, con
una asistencia de más o menos 250. En nuestra historia hemos tenido 13 pastores. Algunos duraron 10-12 años pero la mayoría duraron solamente 3-4
años. Pero, nuestra iglesia está realmente sólida; podemos nombrar ciertas familias claves que han permanecido aquí desde su inicio. Así es, las familias
Smith y Flanagan fueron dos de las cinco familias originales. Yo y varias otras familias hemos celebrado el 50 aniversario de nuestra iglesia. Muchas de las
familias de nuestra iglesia tienen varias generaciones adorando aquí. Nuestra iglesia ha sido algo bueno para Smallville, USA y yo estoy muy orgulloso de ser
parte de ella.

Después de esta breve discusión con la Sra. Brown una de las cosas que sobre sale es la forma en que ella se expresa de la iglesia a la que asiste; es
nuestra iglesia. No hay duda en nuestras mentes que ella ha tomado propiedad de su iglesia. En cierto sentido no hay nada de malo en esto. Tales
pensamientos irán muy lejos en asegurar la longevidad y éxito de esta iglesia. Pero ¿existe un lado débil con este tipo de mentalidad? Yo creo que sí.
Discutámoslo.

Me siento razonablemente seguro que la Sra. Brown estaría de acuerdo que Jesús es la Cabeza de la Iglesia – el Cuerpo de Cristo. Y ella también asentiría  
que la Iglesia First Sunshine le pertenece a Jesús. Sin embargo, me pregunto si ella se sentiría así ¿si viera muy de cerca la Escritura y encontrara que la
iglesia realmente debe ser una extensión del pastor que Dios ha llamado y colocado allí para pastorear Sus ovejas en ese rebaño?

La Sra. Brown no se da cuenta pero ha desarrollado un estilo de pensamiento que ve su iglesia como una institución. Como tal, la organización misma tiene
una identidad propia separada de su gente. La organización tiene una casa oficial gente de alrededor de la ciudad llamada “la iglesia” y está asentada allí
bajo los techos altos en la esquina de la calle 6 y Washington. El gobierno aún ve la iglesia corporativa como persona legal, legalmente creada y sellada con
la designación de Hacienda. Probablemente, en los papeles originales de ingreso fue marcada como “perpetua” cuando se le preguntó su período de vida
esperado. En la mente de todos los involucrados, la intención para nuestra iglesia es ser preservada y perpetuada de generación en generación.

Una vez que la organización / institución es creada, se convierte como todas las otras. Tiene que tener algún tipo de cabeza en autoridad, de modo que una
vista rápida a otras iglesias  revela que es apropiado contratar a alguien llamado pastor para liderar esta organización. La palabra clave aquí es “contratar.”
Después de todo, toda organización tiene un líder. Ahora hemos contratado al nuestro y nos sentimos muy bien al respecto. Recuerda que la palabra clave
aquí es “contratar.”

He aquí en nuestra discusión la progresión de eventos: 1) Un grupo de cristianos se juntan y forman una entidad de iglesia local,  2) Hacen la petición al
gobierno por el derecho de operar, y  3) Ellos contratan (la palabra clave es “contratan”) un pastor. Pueden argumentar que esta fue la forma en la que el
distrito de la escuela fue formado originalmente y la forma en la que inició la industria donde trabajan. Trabajó bien en todos estos escenarios; nuestro
razonamiento es que también trabajará bien en la formación de nuestra nueva iglesia. Este modo de pensar puede parecer razonable, pero hay un pequeño
problema – no es Bíblico.

Creo que suena fabuloso que un grupo de creyentes se congregue para orar, estudio Bíblico, soporte mutuo, y compañerismo cristiano. De hecho, todo esto
es Bíblico. Sin embargo, ¡es como estirar el carro antes de tener el caballo! Mira lo que dice Juan 10:11-13. Habla de una contratación. ¿Qué es un
contratado? ¿Será simplemente alguien que corre a la primera señal del lobo, o será cualquiera que es contratado para un trabajo? ¿Recuerdas que la
palabra clave aquí es “contratar”?

Puedes buscar en la Biblia de pasta a pasta, y no podrás encontrar una sola instancia donde un grupo de cristianos contraten un pastor para liderar su
iglesia. Ni tampoco encuentro un lugar donde Dios les diga a las personas que hagan esto. De modo que, si esta práctica de contratar un pastor no está en
la Biblia, ¿de dónde vino? No estoy seguro de su origen, pero tengo la confianza de que no provino de Dios. Este es otro ejemplo más del hombre haciendo
lo que quiere.

Si esta no es la forma que Dios hace las cosas, ¿Cuál es Su forma? Es simple, Jesús envía Su siervo a cierto lugar con la comisión de hacer Su trabajo en
ese lugar. Las palabras claves aquí son “Jesús envía.” Esta frase es en realidad muy diferente a la palabra “contratar.” Dios enviando a Su siervo para iniciar
una iglesia local es tan diferente a que un grupo de creyentes tomen por si mismos la iniciativa de contratar un hombre de su propia elección. Uno es un acto
divino, el otro una acción de hombre. Te pregunto, ¿cuál te parece mejor a ti?

Hay un punto en nuestro texto de Juan 10:11-13 que necesita ser aclarado. Jesús dice que el contratado no es dueño de las ovejas. Ser propietario parece
ser el factor que hace la diferencia aquí en la mente de Jesús entre el verdadero pastor y un contratado. Es claro en este pasaje que Sus ovejas le
pertenecen a Él; Él es “dueño” de ellas. Con esta verdad, ninguno de nosotros puede discrepar. Somos las ovejas de Su pastizal. Sin embargo, el Gran
Pastor a comisionado a Sus escogidos para atender a Sus ovejas como podemos ver en Juan 21:15. Aquí vemos a Jesús hablar directamente a Pedro, uno
de Sus doce discípulos quien más tarde sería un apóstol. Pedro era un pastor comisionado por Jesús; no era un prospecto que aplicó para un trabajo en las
diferentes Iglesias hasta conseguir uno que lo contratara.

Jesús es la Cabeza de la Iglesia. A Él le corresponde dirigir las sendas de Sus siervos y lo que harán. Él es el que decide si una iglesia debe estar localizada
en la calle 6 y Washington. Y si Él toma esa decisión, también será Su tarea (y solo de Él) instalar un pastor para pastorear las ovejas en ese rebaño. Él
hablará directamente con Su pastor escogido justo como lo hizo con Pedro. Nunca ha usado un intermediario de algún tipo a través del cual Él revele y dirija
Sus planes, Él siempre trata directamente con el hombre a quien Él ha escogido para Su obra. Por tanto, Él hablará al corazón del hombre que debe ir a la
calle 6 y Washington con el conocimiento de que debe trabajar allí para el Reino de Dios.

Así que, vayamos más profundos en nuestra ilustración de la iglesia localizada en la calle 6 y Washington que el Pastor Bell dio a luz bajo la instrucción del
Espíritu Santo. Años pasan y el Pastor Bell ha servido a Dios diligentemente allí; él ha alcanzado una buena edad y ahora ha ido a casa con el Señor. Han
perdido a su pastor y saben que no deben de contratar un pastor. ¿Qué debe hacer la iglesia? En realidad es muy simple: deben solo esperar en el Señor.

Este es otro punto en el tiempo en que una vez más vemos la necesidad del apóstol a quien el pastor Bell se ha sometido. El apóstol ayuda a estabilizar la
iglesia durante este tiempo de transición y actúa como un lubricante de cambio para este grupo de creyentes. La unción de Dios que él lleva es invaluable
durante este período de tiempo. El pastorea a estas personas mientras Dios trae a Su escogido.

La muerte del Pastor Bell no tomó a Dios por sorpresa, ¿verdad? Él conocía el tiempo de su muerte desde  la fundación de la tierra. Así que con ese
entendimiento Él empezó a hacer preparaciones años por delante. Él ya había escogido al que mandaría a la calle 6 y Washington. A lo mejor es el joven Tim
a quien el Pastor Bell preparó en la fe y quien había funcionado  como su asistente; él fue un padre espiritual para Tim por los últimos 8 años. A lo mejor es
alguien de Seattle o Argentina. Nadie lo sabe excepto el hombre a quien Dios ha estado hablando así como hizo con Pedro, Pablo, y el Pastor Bell. La tarea
de la familia de la iglesia es simplemente esperar en Dios. Dios es fiel. Él enviará al pastor correcto.

Tristemente, he presenciado Iglesias que se han encontrado en la terrible situación donde el pastor se ha desviado al pecado. Bajo nuestro nuevo sistema
aquí encontrado, ¿qué debe hacer la familia de la iglesia? Una vez más, deben esperar en el Señor y permitirle hacer Su trabajo en el asunto. Este evento
trágico no tomó a Dios por sorpresa, ¿verdad? Claro que no, Él estaba trabajando alistando Su nuevo siervo para entrar en esa iglesia de la calle 6 y
Washington y hacer Su obra. El Pastor Ridings es llamado, él es ungido, y  listo. ¡Gracias Jesús!

De nuevo vemos al apóstol entrar y asistir en la remoción o restauración de este pastor. Por virtud de su autoridad dentro de la esfera que Dios ha
establecido, la Primera Iglesia Sunshine se somete directamente al apóstol durante esta temporada de cambio. El apóstol es divinamente comisionado para
tratar con el pastor caído. No es el papel de la congregación el manejar el asunto, porque ciertamente aquellos bajo autoridad nunca tienen el derecho de
traer corrección al que está en autoridad.

Lo que probablemente es difícil para la mayoría de nosotros que consideramos este nuevo orden de gobierno en la iglesia local es este aspecto de
propiedad. Todos oramos y trabajamos duro en la iglesia; damos y le creemos a Dios por las nuevas bancas, por la nueva ala de la iglesia, por el nuevo
gimnasio, y por nuestra casa. A menudo nos hemos sacrificado para ver cosas logradas en la iglesia. Después de un tiempo, no podemos evitar pensar en la
iglesia como nuestra iglesia. Es correcto identificarnos con la iglesia porque en realidad nosotros somos la iglesia. La iglesia no es la entidad corporativa. La
iglesia eres tú, la familia de creyentes que adoran juntos, oran juntos, y unen fuerzas para llevar a cabo la visión de Dios para esa iglesia de la calle 6 y
Washington. Es por esto que ciertamente es “tu iglesia.” Pero en esa mentalidad de propiedad por favor sé cuidadoso de no pisotear en los caminos de Dios.
Por ejemplo, es muy fácil como dueño de tu casa hacer lo que te plazca en ella y luego creer que puedes hacer lo mismo con la iglesia. Así no es con la
iglesia. La iglesia le pertenece a Dios y solo Dios decide las cosas grandes en tu iglesia – quien debe ser el pastor, quienes los ancianos, o cuando debes
construir ese nuevo edificio. Él no llamará un comité ni el voto de la iglesia, Él simplemente hará lo que siempre ha hecho, es decir, llamar a Su siervo a la
cima de la montaña y escuchar Sus planes para el futuro.

Dios ha creado una habilidad única y especial que es dada a ciertas personas y que las capacita para hacer lo que Él las ha llamado a hacer. La Biblia se
refiere a esto como la unción. Por ejemplo, una persona común y corriente es llamada por Dios para liderar la nación de Israel, pero para que él se levante a
tal lugar de altura y funcione en acuerdo con la voluntad de Dios, esa medida extra especial tiene que ser aplicada en él. Es por eso que él es ungido. En la
ceremonia de unción, Dios imparte Su propia habilidad en Su siervo para hacer aquello que el siervo es absolutamente incapaz de hacer sin la unción. Es la
unción la que divinamente capacita a tu pastor para hacer su trabajo. Solo él está ungido por Dios para manejar ese trabajo en particular.

Muchos años atrás esta verdad me fue ilustrada a mí y a “Tom,” un hombre en nuestra iglesia. Tom era un líder natural por nacimiento; era exitoso, bien
educado, y tenía una posición alta en el gobierno federal. Por causa de estas cualidades no era inusual que las personas lo buscaran para consejería. En
una ocasión una joven pareja se acercó a Tom buscando ayuda marital. Trató lo mejor que pudo en dar consejo divino y amarlos y cuidar de ellos.

Yo no estaba enterado que esta consejería no oficial se estaba llevando a cabo hasta que “Tom” vino a mí frustrado por su inhabilidad de ver progreso en la
sanidad de ese matrimonio. Nunca olvidaré la mirada en la cara de Tom cuando el foco se encendió en él mientras estábamos sentados en mi oficina
discutiendo el asunto. Se sentó en la silla y dijo, “¡Pastor, la razón por la que no puedo llevar a estas personas a donde deben estar es porque Dios no me
llamó para funcionar en el papel de consejero! Estoy operando fuera de mi llamado. Tom escuchó del Señor ese día. Yo confirmé lo que Tom había
escuchado y usé la ocasión para dar instrucción bíblica en el tema de la unción.

Tom tenía buenas intenciones en ayudar a la joven pareja. El sabía lo que Gálatas 6:2 dice y estaba tratando lo mejor que podía para cumplirlo – estaba
tratando de sobrellevar las cargas de otros. Él descubrió lo que muchos han visto, es decir, hay un límite en lo que llamamos “sobrellevar las cargas de los
otros” Lo que no significa es tratar de hacer lo que no fuiste llamado por Dios para hacer. La consejería es una función pastoral y como tal requiere
ordenación (la aplicación divina de la unción) para ejercerlo. Tom no fue llamado para ser pastor. Dios no había depositado sobre él la habilidad necesaria
para aconsejar en ese nivel. Como su pastor, tomé mi lugar y en un tiempo relativamente corto vi progreso significativo en su matrimonio. No es que yo fuera
más inteligente o en ese asunto mejor consejero que Tom. La realidad del asunto es que yo acarreaba una unción para hacer el trabajo y Tom no. Es cierto
que Tom acarreaba cierta unción que yo no tenía, de modo que ambos éramos necesarios en nuestra iglesia local para hacer la voluntad de Dios. ¿Ves lo
maravillosamente bueno y fuerte que Dios ha diseñado Su iglesia? Cuando los hombres mantienen sus manos alejadas del programa de Dios, buenas cosas
suceden y Él es siempre glorificado. Sin embargo, cuando el hombre intenta adelantársele a Dios en alguna forma, los resultados son siempre los mismos –
¡MALOS!

Aliento a cada pastor, cada anciano, y cada miembro de la iglesia a discernir por el Espíritu Santo su propia unción, y ser cautelosos en operar solo dentro
de los límites del llamado de Dios para su vida. Mientras esto sucede, la Iglesia estará un paso más cerca de ser la IGLESIA GLORIOSA. Amén.



LA IGLESIA GLORIOSA
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