Recientemente me encontré con esta frase “Cristiandad normal.” Esa no es una frase que esté acostumbrado a oír
de modo que causó que me detuviera y considerara el concepto.  Uno de mis primeros pensamientos fue tratar de definir
Cristiandad normal. Si fuésemos a hacer una encuesta de creyentes que van a la iglesia y les preguntáremos cómo
definirían la frase Cristiandad normal, me pregunto que contestarían. Sin duda el primer criterio de muchos sería el de
aludir a si los Cristianos van o no con regularidad a la iglesia. Después harían mención a las prácticas regulares de oración
y probablemente al estudio diario de la Biblia como acciones ligadas a la Cristiandad normal. Finalmente, muchos discutirían en alguna forma el vivir una
vida que fuere consistente con los valores Cristianos tradicionales como, honestidad, bondad, diligencia, fidelidad, etc. Después de un día de encuesta y
de recibir respuestas como estas, probablemente nos tranquilizaríamos y nos regocijaríamos en que el pueblo de Dios sabe de lo que se trata la
Cristiandad normal.  

Entre más meditaba en la frase Cristiandad normal más me convencía de que no estamos experimentando lo que la Biblia definiría como Cristiandad
normal. La razón por la que hago esta declaración en alguna forma radical es por que la Iglesia como yo la veo en el Libro de los Hechos no se parece
en nada a la que vemos hoy. Algunas de esas personas habían realmente visto a Jesús y ciertamente eran privilegiadas de estar bajo los ministerios de
ancianos que habían caminado con Jesús. Es por esto que la Iglesia del primer siglo es el modelo a seguir para diseñar la Iglesia del siglo Veintiuno y el
estándar por el cual definamos Cristiandad normal.

La diferencia básica entre la Iglesia del Primer siglo y la del siglo Veintiuno es poder. Cuando yo leo el Libro de los Hechos y veo como Dios demostraba
Su poder a través de estas personas cotidianas, casi cambio a un color verde de envidia. Mi clamor a Dios es este: “¿Porqué no vemos estas cosas
suceder hoy como sucedían antes?” Probablemente la respuesta a esta pregunta no sea tan difícil. A la mejor, la razón para la demostración con
regularidad del poder divino era que estas personas esperaban que sucediera. Esas personas habían vivido en una atmósfera de fe día con día por
semanas y meses, esperaban totalmente que Dios se manifestara sobrenaturalmente todo el tiempo. Esperaban que sucediera lo milagroso. Nosotros no
hacemos asi.

Hoy en día en algunos círculos en la Iglesia los milagros se descartan totalmente como hechos históricos y sin ninguna  posibilidad de ocurrir en este
tiempo. En otras iglesias se predica acerca de los milagros y se creen, pero en realidad hay pocos milagros (si alguno) que realmente suceden.
Parecería nuestra idea sobre Cristiandad normal que esta no abraza la posibilidad de que Dios demuestre Su poder a nosotros o a través de nosotros,
lo cual era lo normal en la Iglesia temprana. Pienso sin tener que decirlo que debemos regresar a ese estado de expectación que tenía la Iglesia
temprana con respecto a la demostración del poder de Dios en nuestras Iglesias, nuestras casas, y en nuestras vidas personales.       

En esta breve enseñanza no tenemos el tiempo para desarrollar completamente el por que la Iglesia temprana vivió en un estado milagroso, suficiente es
decir, que sus días normales eran bastante diferentes a los nuestros. Ellos vivían para ayudar a otros; caminaban en un estado de amor hacia sus
hermanos y hermanas en Cristo que pocos de nosotros jamás hemos presenciado. Su Cristiandad era un estilo de vida y no una visita semanal en
domingo por la mañana a un lugar donde se llevan acabo actividades religiosas. Sus vidas estaban envueltas con la Palabra de Dios que estaba siendo
predicada y enseñada por aquellos que habían caminado con Jesús, y experimentado Su unción que estaba en ellos. Los creyentes hoy en día emplean
solo breves momentos para leer rápidamente uno o dos versículos de la Escritura y tienden a tratar con la oración como un ritual que tiene que ser
hecho. Tales actividades religiosas superficiales difícilmente se asemejan a las vidas dedicadas de aquellos primeros Cristianos. Así que, la siguiente vez
que leas acerca de esos maravillosos milagros en la Biblia, considera que tu también puedes experimentar una vida en la cual el poder sobrenatural de
Dios sea un lugar común y corriente, todo lo que tienes que hacer es seguir el mismo patrón para tu vida que los seguidores de Jesús, que vivieron en el
Primer siglo, desarrollaron.    

Recuerda la palabra EXPECTATIVA. Lo que esperes es lo que vas a recibir. Dios no hará más de lo que esperas ni verás Su poder en niveles por
encima de tu expectativa; en realidad tu nivel de expectativa es lo que le dice a Dios lo Grande que Él puede ser para ti. De modo que la clave para vivir
en la zona sobrenatural del poder de Dios es tu expectativa – la Biblia llama a esta expectativa, fe. Te exhorto a iniciar ahora mismo ¡a dejar (en
expectativa) que Dios sea Dios para ti! Amen.

                                                   
                     “Porque por fe andamos, no por vista..”  
                                                                                              II Corintios 5
:7                                                                                     
CRISTIANDAD NORMAL