La Iglesia se está tambaleando por la reciente admisión de falla moral del Rev. Ted Haggard, un prominente pastor
y líder de la Iglesia. Nos entristecemos al ver que esto sucede, y sin tener que decirlo, él y su familia están en nuestras
oraciones mientras navegan este tiempo difícil.

Mi corazón se entristeció mientras escuchaba a los comentaristas discutir esta tragedia. Vemos al mundo fisgonear a
nuestro hermano que ha caído; ahora juzgan a la iglesia por su indiscreción, como hipócrita y falsa. Su juicio no debe ser para nosotros causa de duda
acerca de la veracidad de la iglesia. Ella sigue bien y está viva, a pesar de lo que algunos puedan pensar. Un líder caído no la mina, ciertamente está
de pié por la gracia de Dios y no por la perfección de sus líderes.

¿Qué se supone que nosotros los cristianos debemos pensar acerca de todo esto? Primero que todo, siento que es absolutamente necesario para
nosotros refrenarnos de juzgar al Pastor Haggard. Él sí pecó, pero su pecado no lo excluye de la familia de Dios. La gracia de Dios permanece firme en
su lugar y Su misericordia ciertamente es lo suficiente fuerte para extenderle el perdón. Cada vez que algo como esto sucede mis pensamientos
recuerdan los pecados del Rey David, el subsecuente perdón que Dios le otorgó, y después su completa restauración. Si Dios puede restaurar un líder
que es culpable de conspiración, muerte, abuso horrible de autoridad, y adulterio, dudo que este reto presente sea muy grande para Él.   

Varias veces he escuchado a creyentes hacer la pregunta: “¿Cómo pudo un hombre de Dios como Ted Haggard haber hecho tal cosa?” Si hacemos
pausa por un momento y pensamos, la respuesta no es realmente tan escurridiza. Cosas como estas suceden porque estamos lidiando con seres
humanos imperfectos – incluyendo líderes de iglesias. Cada vez que la tendencia hacia un pecado en particular no ha sido tratada totalmente, este
pecado no solo puede sino que saldrá a flote en algún momento aún cuando por algún tiempo haya permanecido inactivo o controlado en alguna forma
por el individuo. El pecado no es algo que pueda ser manejado. El pecado debe ser tratado con la sangre de Jesucristo, y aún después, nuestra
naturaleza carnal debe ser sometida diariamente. El pecado sube a la superficie cuando fallamos en caminar cerca con Dios, porque ciertamente
cuando andamos en el Espíritu no satisfaremos los deseos de la carne. Muéstrame un hombre cuya vida haya sido entregada a Dios en una verdadera
relación de  pacto y yo te mostraré un hombre que verdaderamente puede declarar que “¡Jesús es Señor!” sobre toda área de su vida.

Nadie más que otro pastor puede apreciar completamente las presiones bajo las cuales vivía Ted Haggard y, estoy seguro, contribuyó a sus pecados.
El pastorado es probablemente el trabajo más difícil sobre la faz de la tierra por una multitud de razones. Las exigencias puestas sobre pastores son
cargas muy pesadas para algunos, y son estos los que buscan otros “escapes”, algunos de los cuales son malos. Una de mis oraciones en esta
tragedia es que un mejor entendimiento emerja de dentro de la Iglesia en todo el mundo en la cual pastores y sus esposas e hijos existen. El divorcio, la
quiebra, la depresión, y aún el suicidio andan sueltos en el ministerio, y estas tragedias apuntan a un problema que necesita nuestra atención. Las
presiones en la vida del Rev. Haggard no justifica sus pecados, pero reconocer que estaban allí nos ayuda a amarlo a través de esto.

Verás el bien salir de esta situación desafortunada; verás a la Iglesia comportarse como la Iglesia. De esto, aprenderemos el perdón y lo que realmente
significa amor incondicional. Y finalmente, veremos la total restauración de un hombre de Dios que ha sido ministrado apropiadamente y pastoreado por
compañeros Ancianos del Cuerpo de Cristo. Mientras esto sucede, el mundo conocerá que somos los discípulos de Jesucristo por el amor que tenemos
unos para con otros. Amén.
¡DERRIBADOS, PERO NO DESTRUIDOS!
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