| Aproximadamente 2000 años antes de Cristo, Dios se acercó a un hombre llamado Abram e inició con él la relación más importante que jamás se hubiere establecido hasta ese tiempo. Fue una unión de pacto entre Dios y el hombre. Nosotros, en el siglo veintiuno, conocemos poco el significado de pacto. Pero Abram entendió lo que significaba el que alguien se le acercara queriendo formar un pacto entre ellos. El principio fundamental del pacto era que las dos partes se convertirían en una. Ésta es una verdad poderosa y eterna. Esa noche se sacrificaron animales y sus cuerpos fueron posicionados para formar un camino de sangre. La sangre que fluyó hacia el suelo se convirtió en el flujo de vida que sostendría el pacto entre Dios y el hombre por los siguientes cuarenta siglos. Decir que comprendemos cómo la sangre derramada de animales se convirtió en la vida de nuestro pacto con Dios es suponer algo demasiado magnífico para nuestras mentes humanas. Es una verdad espiritual que probablemente será comprendida solo cuando estemos ante la presencia del Señor y le preguntemos todas esas preguntas que cada uno de nosotros tenemos para Él. Pero hubo una razón por la que Dios le pidió a Abram matar los animales y colocar sus cuerpos como Él dijo. La sangre fue la clave para establecer el pacto entre Dios y Abram. En la medida que estudiamos los capítulos de Génesis que llevan a esa gran noche en que el pacto eterno fue establecido, vemos conversaciones iniciadas por Dios en las que se utilizó lenguaje importante. En Génesis 12:1-3 lee detenidamente el primer versículo. Nota lo que Dios requiere de Abram, que se aleje de su tierra y se separe literalmente de la casa de su padre. Para un pueblo tribu-orientado, ¡esto era el máximo sacrificio! ¿Por qué le pidió Dios algo tan difícil para él? Fue porque iba a convertirse en parte de una familia totalmente diferente. Es importante notar el lenguaje de Dios en este punto. Cuando Él inicia esta conversación con Abram, el tema se convierte inmediatamente, “familia”. Esto parece no tener gran importancia para nosotros que estamos en el lado occidental del mundo automatizado, con una mentalidad diferente, pero Abram entendió la dirección en la que Dios iba con esto porque él entendía el lenguaje de pacto. Cuando la palabra “familia” es usada, se entiende que está sujeta al pacto. Analicemos un poco más esta primera conversación entre Dios y Abram. En el verso 2 vemos a Dios hablar de hacer a Abram un gran hombre en la tierra. Hay dos palabras claves en este versículo: 1) nación, y 2) nombre. Cada una de estas palabras refiere a la idea de una familia. A la mejor nosotros en la era moderna vemos una nación como una vasija mezclada de nacionalidades. Una nación para nosotros es simplemente un área geográfica reconocida por sus límites y a lo mejor por su ideología política. Fallamos en pensar de una nación como una unidad homogénea, la vemos como un simple lugar. Pero no así en el mundo antiguo. Cuando alguien hablaba de una nación, el oidor veía inmediatamente en su mente una familia. Podían habitar un área de tierra en particular y practicar una religión específica u ideología, pero el factor que distinguía la palabra “nación” era la familia a la cual hacía referencia. Esta verdad nace en la medida que uno rastrea los siguientes cuatrocientos años de la familia de Abram [Abraham], la cual fue llamada “nación de Israel”. Nación significaba familia. La palabra “nombre” en el verso 2 claramente muestra lo que Dios tenía en mente. Él estaba formando una familia. Nuestro nombre ciertamente es el identificador más importante de nuestra familia. No podemos separar las dos palabras. El nombre que Dios iba a poner en la familia de Abram identificaría esa familia a través de las edades. Cada vez que leemos la frase: “Abraham Isaac, y Jacob,” la familia que Dios formó con Abraham en esa oscura ladera debe venir a nuestra mente. Dios no estaba iniciando una nueva religión. Él estaba iniciando una nueva familia. Una relación era lo que Él quería en ese entonces, y es también lo que Él quiere ahora. En el verso 3 leemos acerca de bendiciones y maldiciones. Estas son palabras del lenguaje del pacto. Mantén en mente que un pacto denota una relación familiar; por tanto, cuando alguien se refiere a una bendición, lo que se entiende es que hubo un pronunciamiento favorable dirigido a un miembro familiar. Las bendiciones eran principalmente dirigidas solo a la familia; esa era la forma en la que el que hablaba aseguraba el bienestar continuo de la familia. La mención de la palabra “bendición” ciertamente es lenguaje de pacto. De la misma forma, la idea de una maldición era dirigida para el enemigo de la familia. La intención era infringir dolor sobre el enemigo. La palabra “maldición” ciertamente es lenguaje de pacto. Es así, porque identifica al enemigo de la familia. [El único sobre el cual alguien pronunciaría tan horrible cosa] La meta más alta de nuestro enemigo es destruir a su enemigo y borrar completamente su memoria de sobre la faz de la tierra. Para lograr esta meta desastrosa, uno necesita destruir todo miembro de la familia del enemigo, porque la familia se reproducirá y levantará guerreros que recuerden al enemigo y regresarán por tanto a cobrar venganza sobre el que maldijo. ¿Puedes ver lo que Dios está diciendo a Abraham en el verso 3? Él está asegurando a su socio de pacto [Su miembro de familia] que Él estará allí para vengarlo si algún enemigo intenta maldecirlo. Podríamos decirlo así: en una relación de pacto cualquier enemigo a uno de los socios de pacto se convierte automáticamente en enemigo del otro (socio). Hay un conocimiento básico para los socios de pacto, preservar la familia es de importancia máxima. Bendiciones y maldiciones son el medio por el cual esta preservación se logra. Este concepto de bendiciones y maldiciones puede parecer extraño para nosotros. Esto es así porque hemos aprendido a poner un valor muy bajo a nuestras palabras. Para nosotros, las palabras son solo pensamientos que transmiten algo y con la intención de traer al que escucha al entendimiento con nosotros. Esto es lo que se hace con las palabras, pero su significado es muy superficial. Las palabras son literalmente contenedores de poder. Las palabras liberan fuerzas espirituales. Las palabras liberan fuerzas emocionales. Las palabras liberan fuerzas mentales. Las palabras liberan aun fuerzas naturales. Por tanto, toda palabra tiene gran potencial de poder en ella, sea para bien o para mal. La bendición libera el bien. Las maldiciones liberan el mal. A ninguno nos gustaría ver que algo malo nos sucediera a nosotros o a nuestra familia; es por esto que el poder de la bendición debe ser entendido y el pronunciamiento de bendiciones debe ser practicado regularmente para que nuestra familia pueda ser bendecida en acuerdo con nuestro pacto con Dios. En el párrafo anterior hice referencia a “nuestra familia”. El primer pensamiento cuando digo, “mi familia” puede ser para mi la familia Barnett. Para ti puede ser la familia González ó Valdéz ó Rodríguez. Tales nombres identifican nuestras familias terrenales. La última frase en el verso 3 de Génesis 12 lee, “…y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” Dios debió haber tenido en mente nuestras familias terrenales en esta declaración, porque la palabra está en plural. Cuando tú o yo hablamos bendiciones sobre nuestras familias terrenales, buenas cosas les suceden. En un sentido más amplio, por ejemplo cuando algo bueno le sucede a mi familia personal, eso significa en realidad que algo bueno le ha sucedido a la familia de Dios – la familia creada por el pacto entre Dios y Abraham. Esto sucede así por causa de mi posición como miembro de familia en esa familia espiritual. Literalmente, la familia Barnett es miembro de la familia de pacto de Dios. Cuando yo como líder de la familia escogí recibir a Jesucristo como mi Señor y Salvador, nací a una nueva familia. Mi familia terrenal ganó acceso a esa misma línea de sangre espiritual por causa de mi decisión (Hechos 16:33). Yo introduje algo muy importante en el párrafo previo, es lo que la Biblia llama el nuevo nacimiento. (Juan 3:3) Veamos ese pasaje de Escritura y ver el lenguaje de pacto usado allí. Nacer de nuevo es el punto de entrada a la familia de Dios. La respuesta aquí de Jesús a Nicodemo revela a este líder Judío una verdad que había escuchado antes sobre algo que él conocía muy bien, esto es, la historia acerca del pacto que Abraham hizo con Dios. Él conocía el pasaje de la Escritura en Génesis. Y él supo que cuando la palabra “nacimiento” fue usada, no podía significar nada más que algo que pertenece a la familia – el pacto de Dios. Quiero alentarte a buscar y disfrutar el lenguaje del pacto de Dios cuando lees la Biblia. Está llena con lenguaje de pacto solo para Su familia. |

| EL LENGUAJE DEL PACTO |
