Lee nuestro pasaje de texto, el cual es II Corintios 4. El apóstol Pablo nos entrega aquí sana doctrina, verdades
que pueden tener un gran efecto en nuestras vidas. Por esa razón, estamos obligados a alimentarnos y crecer
por ello. Ahora ve de cerca los versos 6-7. Pablo habla aquí de un tesoro. Este tesoro es aparentemente algo que
cada uno de nosotros que conoce a Jesús posee; sabemos esto porque él usa el pronombre “nosotros”
mientras relata esta verdad. Así que, de esto puedes entender que Dios tiene un lugar que Él considera ser un
tesoro dentro de ti.
Nuestra tarea es descubrir qué es este tesoro y que significa para nosotros. El verso 6 encierra una clave. Dios,
quien sabemos habló la luz a existir, (Génesis 1:3) es también el que llamó la luz para resplandecer en nuestros
corazones; esta es la luz de la verdad o conocimiento, como Pablo lo dice. Este conocimiento ha traído a
nosotros la gloria de Dios. Podemos tener una imagen en nuestras mentes de cómo se ve esta gloria por la
descripción de la cara de Moisés después que bajó del Monte Sinaí. (Éxodo 34:29-30) Por favor recuerda que
Pablo está diciendo que ustedes que son nacidos de nuevo por el Espíritu de Dios tienen esta misma gloria que
Moisés tenía y la misma gloria que estaba sobre el rostro de Jesús. (Ver Isaías 60 para más perspicacia a la gloria
de Dios.)
El tesoro al cual Pablo se refiere en este pasaje es la unción literal de Dios. La unción es algo sobrenatural en
poder. No puedes verla, pero puedes ver los efectos de ella. Es el medio por el cual Jesús sana los enfermos,
levanta los muertos, camina sobre el agua, y transforma el agua en vino. La unción es el poder de Dios
trabajando en la tierra para llevar acabo la voluntad de Dios. Es importante que recuerdes en este punto,
mientras discutimos este tremendo poder, no perder de vista la verdad de que tú también lo posees, ¡si Jesús
vive dentro de ti!
Al terminar de leer el verso 7 de nuestro pasaje de texto, descubrirás el por qué posees esta fuerza poderosa
llamada “la unción.” Dios ha escogido distribuir Su poder en la tierra a través de los vasos más poco probables –
nosotros. Él no escogió jarrones de oro ni platino para llevar Su gloria. Los vasos que Dios escoge son, como
Pablo lo dice, “….vasos terrenales…” Uno puede preguntarse, ¿”Por qué escogió Dios personas simples y del
diario vivir como tu y yo para manejar tal tarea divina como llevar Su gloria?” La respuesta a esta pregunta se
encuentra en este verso 7: “…para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros.” En otras
palabras, Él quería asegurarse que el vaso no recibiera la gloria, sino que cualquier cosa que Él hiciera a través
de Sus santos causara que la gloria fuese dirigida a Él.
Uno puede ver que Dios ha desarrollado estos vasos, en ésta tarea divina, para que fueran personas común y
corrientes. Pero no todos están calificados para ser uno de estos vasos de la Gloria de Dios. No, solo aquellos
que son santificados por Dios y separados y estimados lo suficiente santos para tal glorioso propósito. El hecho
es que pocas veces nos sentimos muy santos porque todos estamos muy concientes de nuestras propias
debilidades y tendencias carnales. Pero este conocimiento personal no cambia la realidad de este alto
llamamiento al cual somos llamados por Dios – para ser portadores de Su gloria.
Los versos 8 y 9 describen acertadamente nuestra humanidad, como Pablo narra, estamos atribulados, en
apuros, perseguidos, derribados, y llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús. Pero
también, correctamente nos muestra que estas cosas no nos impiden nuestra tarea asignada de distribuir y
mostrar la gloria de Dios. Podemos entender de este pasaje que ni nuestra humanidad ni los retos que
enfrentamos pueden evitar que funcionemos adecuadamente en nuestro llamamiento divino. ¡Por eso, debemos
dar alabanza a Dios!
La tendencia de muchos cristianos es emplear demasiado tiempo preocupados de si mismos. Ahora lee los
versos 16-18. Aquí se te dice lo obvio, que tu hombre exterior (cuerpo físico) está muriendo. Es propenso a la
debilidad, fatiga, y finalmente morirá. Pero Dios quiere que te enfoques en lo que está adentro – ese Tesoro que
está dentro de ti. Los retos externos que enfrentas son como Pablo dice: “…leve tribulación…” Esto significa
que no son dignos de nuestra preocupación o ansiedad. De hecho, aquí se nos dice que estas cosas que
parecen ser difíciles y dolorosas, en realidad están produciendo en nosotros, “…un cada vez más excelente y
eterno peso de gloria.” Con cada victoria sobre estas cosas difíciles, Dios es glorificado ya que otros nos ven
fuertes e inamovibles por ellas.
Quizá el verso 18 contiene una importante clave para ti. Discute las cosas que demandan tu atención. Pablo te
dice que no es bueno enfocarse en lo que puedes ver. El sabe que estas cosas están sujetas a cambio. ¡Esto es
porque la unción de Dios que está dentro de ti es más poderosa que cualquier cosa que te esté confrontando!
¡Gloria a Dios! La verdad es: en lo que te enfoques, determinará el resultado del reto que enfrentas. Si tu
enfoque permanece en Jesús, Él causará que seas victorioso. Por otro lado, si te enfocas en todo lo equivocado
y doloroso, eso es lo que se convertirá en principal en tu mente, y lo que finalmente creará muerte o destrucción
en alguna área de tu vida. ¡Mantén tus ojos en Jesús y ve cómo ese tesoro dentro de ti causa la victoria!
Discutamos ahora cómo puedes aplicar prácticamente lo que has aprendido en esta simple lección sobre el
tesoro que está dentro de ti.
Como has aprendido, la unción es lo que Dios usa para llevar acabo Su voluntad; por tanto, una vez que conoces
la voluntad de Dios sobre cualquier asunto, puedes aplicarle a esa situación Su unción, que está dentro de ti y
verás Su divina voluntad desplegarse a tu favor.
Por ejemplo, ¿qué harías si te enteraras que el negocio de tu jefe está en quiebra y que está a punto de cerrar la
oficina en la que trabajas?
Primero que todo, te recordarías a ti mismo que el enfoque es muy importante. Pablo te amonesta a que pongas
los ojos en Jesús, no en el reto mismo. Como puedes imaginarte, si fueras a perder un trabajo que has tenido
por 15 años, sería traumático en lo natural. Pero, no estás en lo natural ni tampoco limitado a los principios
naturales; como hijo de Dios, tú operas en el ámbito sobrenatural por causa de la unción poderosa que hay
dentro de ti. Así que, lo primero a hacer es evitar la tentación de permitirle al problema convertirse en algo
sofocante.
¿Cómo te enfocas en Jesús? Te enfocas en Él en la medida que te sumerges en la Palabra de Dios. Él es la
Palabra. (Juan 1:14) Esta inmersión en la Biblia hará dos cosas:
1) Te dará un claro entendimiento de cual es la voluntad de Dios con respecto a tu vida y
aún en de tu empleo.
2) Comenzará a renovar tu mente, dándote fuerza y sabiduría para enfrentar el reto presente.
Saber lo que Dios piensa en un asunto en particular puede ser la diferencia entre victoria y derrota para ti.
Cuando sabes que Dios quiere que prosperes, (3Juan 2) y que Él ha prometido bendecir la obra de tus manos en
todo lo que hagas, (Deuteronomio 28:1-14) eso comienza a desarrollar fe en ti de que independientemente de la
pérdida de trabajo, Dios hará que cosas maravillosas te sucedan a ti con un nuevo y mejor trabajo. Cuando tu
entiendes que Él promete rodearte de favor (Salmo 5:12), te acercarás a ese posible empleador con una nueva
confianza y una audacia tal que lo impresionará y causará que se incline hacia ti en su decisión de contratarte.
¡Esa es la forma en que trabaja!
Lo siguiente que debes hacer es comenzar inmediatamente a liberar el poder de Dios a tu situación. ¿Cómo se
hace esto? Regresemos a nuestro pasaje de texto y veamos en el verso 13. Pablo declara, “…creí, por lo cual
hablé…” La fe de Dios dentro de él le dio poder para no solo creerle a Dios sino hablar lo que Él le ha dicho en la
Palabra. El hablar la Palabra es clave para liberar el poder que está en ella. Usando las promesas de Dios, podrías
querer hacer esta confesión: (ver la confesión en el recuadro de la izquierda)
¿Ves cómo tomé versos de Escritura y los conformé en una oración de confesión? Esto es lo que tú debes
hacer. Usa la Palabra para manifestar en tu vida la voluntad de Dios. Simplemente usé la unción poderosa que
está dentro de mí para implementar el siguiente escenario en el plan de Dios para mi vida. Esa unción me dio
poder para creer. Me capacita para hablar en fe. Y, hará manifiesto aquello que he hablado, para la gloria de
Jesucristo.
¡Tu nuevo trabajo está en camino! Sin embargo, el tiempo perfecto (para la manifestación) le corresponde a Dios.
Por eso es que Pablo escribió así en Gálatas 6:9 “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo
segaremos, si no desmayamos.
No te des por vencido antes que la promesa se manifieste en bendición. Sigue confesando; sigue creyendo. Tu
Padre es fiel a Su Palabra y Él se encargará que suceda. Cuando se manifieste y estés disfrutando los frutos de
ese nuevo trabajo, dale a Dios la gloria diciéndole a todos los que veas que Dios ha hecho esta cosa maravillosa
para ti.
ESTE TESORO EN VASOS DE BARRO
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