¿JESÚS, NO TE IMPORTA?

Lee Marcos 4:33-41. En este relato de Jesús con sus discípulos en una barca y en una noche de tormenta en el
mar, descubrimos la naturaleza humana de cerca y personal. Jesús está dormido durante la tormenta, y eso causa
mucha consternación a los doce porque Él no daba respuesta al dilema de ellos. Eso les daba a entender que a Él
no le importaba el bienestar de ellos y que solo estaba interesado en Su descanso. ¡Qué difícil situación en la cual
estar! La barca se está llenando con agua y la muerte parecía eminente.

Tormentas, usando la imagen de nuestro texto Bíblico, son aquellas situaciones difíciles que cada uno de nosotros
encuentra y que percibimos ser peligrosas, traicioneras, o aún sin esperanza. Las tormentas interrumpen nuestras
vidas; usualmente no las vemos venir, y cuando pegan, no solo el efecto de la tormenta misma es peligroso sino
también lo es la sorpresa del incidente. Como pastor he aconsejado un gran número de personas que pensaban
que Dios los Había desamparado y dejado solos para sobrevivir la terrible experiencia por si mismos. En realidad,
nada puede estar tan lejos de la verdad. Categóricamente, tal cosa es imposible para un cristiano nacido de nuevo.
¿Por qué? Mira esta promesa que Él ha hecho a cada uno de nosotros: “…Porque él dijo: No te desampararé, ni te
dejaré.” (Hebreos 13:5) ¡Esas son realmente buenas noticias!

Los discípulos estaban exhibiendo típica naturaleza humana cuando permitieron al temor vencerlos esa noche en
el mar. Antes de juzgarlos severamente, debemos recordar que nosotros los humanos tendemos más a fijar nuestra
atención en la tormenta que en la promesa de Dios. Esos doce hombres tenían en realidad una promesa en la cual
debieron haber permanecido una vez que el viento y las olas iniciaron su danza de fatalidad. Jesús había dicho
anteriormente, “Pasemos al otro lado.” (verso 35) ¿Ves cómo ellos ya tenían una palabra de Dios suministrada, que
les aseguraba que no perecerían? Jesús quiso decir exactamente eso. Irían al otro lado. No, “a lo mejor.” No, “¡Eso
espero!” Sino, cruzaremos al otro lado. Había algo establecido mucho más poderoso que la tormenta – las palabras
de Jesús.  

Mira lo que Jesús hizo después ser despertado y haber manejado la situación para ellos. Una vez más simplemente
habló. No hizo nada diferente de lo que ya había hecho anteriormente esa misma noche mientras zarpaban de la
orilla. El estaba colocando Sus palabras en el lugar que establecería todas las cosas para su beneficio. Sin duda, Él
sabía de la tormenta que los retaría; es por eso que Él les dijo por adelantado que llegarían al otro lado. En cambio,
tuvo que implementar un plan B. El plan A era que ellos recordaran Sus primeras palabras y permanecieran firmes
en medio de la tormenta. El plan B fue que Él tuvo que liberar más palabras para controlar la tormenta. Pero en
cualquier caso, ¿ves cómo Dios trabaja? Uno de los propósitos que el ministerio terrenal de Jesús sirvió fue el de
revelarnos al Padre. Así que, cuando vemos cómo Jesús manejaba las cosas, lo que en realidad estamos viendo es
lo que Dios el Padre hace en cada situación.

Dios no cambia. Lo que Él ha estado haciendo desde que creó los cielos y la tierra es lo que está haciendo hoy. Su
método es muy simple: Él habla y las cosas suceden en acuerdo con Su palabra. ¡Esas son muy buenas noticias para
ti! Eso significa que tú puedes recibir lo que está escrito en la Palabra de Dios y aplicarlo a tu vida, sabiendo con
certeza que lo que Él dice te vendrá. Cuando Él te dice, por ejemplo, que Jesús llevó heridas sobre Su espalda y
que por esa llaga fuiste sanado de tus dolores y enfermedades; entonces puedes simplemente aceptarlo y será
realidad para ti. Ese terrible diagnóstico de cáncer, ataque al corazón, o derrame cerebral son tormentas; ¡son
tormentas que no pueden permanecer contra las palabras de Dios! ¡Aleluya!

Debes entender que en ningún lugar de la Escritura se te promete que las tormentas no vendrán. Por el contrario,
Dios te dice por adelantado que ciertamente te las encontrarás. Pero junto con esa advertencia, siempre viene una
promesa del Señor de que la tormenta no te derribará. Isaías escribió acerca de este principio dinámico en Isaías 43:
2 “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no
te quemarás, ni la llama arderá en ti.” Esa promesa tiene tu nombre. Puedes llevarla al banco, ¡regocíjate todo el
camino!

Mi estímulo para ti es este: Primero, prepárate por adelantado – antes de la tormenta – poniendo la buena Palabra
de Dios en tu hombre interior. En esa forma cuando la tormenta suceda, te recordarás de Sus palabras y te
enfocarás en ellas en lugar de enfocarte en la tormenta. El error más común que yo veo hacer a los cristianos es
fallar en “engordar” en fe antes de la tormenta. Segundo, mantén tus ojos en Jesús durante la tormenta. Entre más
fijamente veas esas enormes y tumultuosas olas, más grandes se harán. Así mismo sucede con las tormentas de la
vida. Por esa razón, disciplínate a enfocar tu atención en la meta, no en lo que sucede a tu alrededor. La tormenta
es una inconveniencia menor que pronto será olvidada cuando se alcance la victoria - ¡y así será! Y por último,
háblale tu mismo a la tormenta. El apóstol Pablo te enseña un principio importante en II Corintios 4:13, “Pero
teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos,
por lo cual también hablamos.” Te está enseñando a hacer lo que Dios hace, lo cual es hablarle a la tormenta. Se te
ha dado Su autoridad (Mateo 18:18 y Marcos 11:23) y tienes Sus palabras, las cuales puedes utilizar para controlar
las tormentas que vengan en tu camino. Es por eso que tienes la promesa de Dios de que, ¡Él siempre te llevará en
triunfo en Cristo Jesús! Amén.