Este pasaje dinámico nos da a nosotros, los que hemos creído en Jesucristo, una verdad profunda que necesitamos. Es una verdad que
destruirá la decepción y el desánimo que puede levantarse en nosotros cuando no vemos manifestarse las promesas bíblicas de Dios en
nuestras vidas. Muchos Cristianos se decepcionan con Dios y con Su Palabra porque parecen no poder hacer que Sus promesas trabajen
para ellos. Establezcamos una cosa antes de ir más lejos en este estudio, esto es: Dios es fiel y la Palabra de Dios es verdad. Nunca
cuestionemos estas dos verdades. El hacer así quitaría cualquier esperanza de jamás poder experimentar Sus bendiciones prometidas.

Lee y medita en nuestro texto arriba mencionado. Esencialmente, el Apóstol Pablo se está dirigiendo al problema en la iglesia de Corinto, los
santos sentían que su palabra era incierta para ellos. Estaba tratando de establecer confianza en ellos, no solo hacia él como padre
espiritual, sino también hacia Dios  quien lo llamó y lo dio como regalo a ellos. Su meta primordial en este pasaje en particular es hacer lo
que todo buen ministro trata de hacer, es decir, desarrollar en el pueblo de Dios una confianza absoluta en Dios y en Su Palabra. Esto es lo
que debe suceder en ti.

Probablemente tu eres como la mayoría de nosotros en que hay algo en tu vida por lo cual has estado creyendo y aun no lo has visto
manifestado. Puede que sea una solución al problema financiero, una sanidad física, ese cónyuge que le has pedido a Dios, o la salvación de
un ser amado. Has puesto tu petición delante de Dios y has tratado lo mejor posible  de creer, pero simplemente parece imposible de
alcanzar. ¡No te desesperes porque la ayuda para  ti está en camino! Esa ayuda está en forma de verdad. El conocimiento de la verdad te
hace libre. (Juan 8:32)

Antes de ver la solución que deseas, una cosa debe suceder dentro de ti – debes resolver el asunto de la fidelidad de Dios. Sin importar lo
que hayas experimentado en el pasado o lo que otros te hayan dicho acerca de Dios, o aun lo que se te haya enseñado en la iglesia, este
asunto es algo que debes resolver personalmente. Cuando lo hagas, habrás dado el primer paso para recibir tu milagro.

El mayor obstáculo que tienes ahora no es el diablo o las probabilidades que parecen acumularse en contra tuya; tu más grande y poderoso
enemigo son los pensamientos carnales. Pensar carnalmente (terrenalmente), es pensar literalmente como el mundo. Pensar
espiritualmente es pensar como Dios piensa. ¿Me pregunto cuál de los dos obtendrá los resultados que deseas?

Mira lo que Pablo escribe en Romanos 12:2  “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro
entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

¿En que nos hace enfocar nuestra atención en este versículo? ¿No es en nuestro entendimiento (pensamiento)? Aparentemente la forma
en que pensamos hace la diferencia de ver o no hecha la voluntad de Dios en nuestra vida, justo como el versículo declara. Por tanto, nos
conviene cambiar la forma en que pensamos.

El pensamiento carnal dice, “Oh bueno, así es mi suerte, Nunca veré a Dios contestar mi oración!” o podría decir, “buenas cosas le suceden
a todos los demás; Yo nunca he visto un milagro en mi vida.” Estás condicionado a pensar así por estar en el mundo y por estar influenciado
a pensar como el mundo. Esto debe cambiar si es que quieres experimentar la voluntad de Dios, la cual es la manifestación de Sus
promesas.

Esto es lo que debes hacer. Primero que todo, identifica claramente lo que necesitas de Dios. Sé específico. Escríbelo en forma de una
oración de petición. Esto establece la meta que quieres alcanzar. En seguida, encuentra versículos de Escritura que te prometan lo que has
escrito como meta. Me permito recomendarte cuando menos cuatro o cinco. Escribe estas promesas en una sola hoja de papel; has copias
de esta página y coloca una en tu Biblia, una en tu tocador, una en el carro, y una en tu oficina. Lo que estás haciendo es armándote con el
poder de cambiar tu mente.

La Palabra de Dios es poderosa. (Hebreos 4:12) ¡Cada vez que declares una de esas promesas, literalmente estás engranando el asombroso
poder del Dios Todopoderoso! Él a dicho que cualquier cosa que Él hable hará exactamente lo que Él quiere y será prosperada en aquello
para que la envió. (Isaias 55:11) Cada vez que te escuches declarar la verdad de la Palabra de Dios, algo sucede dentro de ti – eres
conformado a lo que dices. En la medida que esto sucede, la fe se incrementa. (Romanos 10:17) Con cada palabra ungida que hables, tu
mente se hace un poco más como la de Dios. En el proceso, estas echando fuera duda e incredulidad. Sus palabras que fluyen fuera de tu
boca están saliendo a hacer Su perfecta voluntad, la cual es darte lo que deseas. Sé diligente en continuar hasta que veas el milagro. ¡Te
prometo que experimentarás ese milagro de parte de Dios! (Gálatas 6:9) ¡Me regocijo contigo antes de tiempo por tu milagro!  ¡Aleluya!
¡Gracias Jesús!

“Mas, como Dios es fiel, nuestra palabra a vosotros no es Sí y No.
Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, –
por mí, Silvano, y Timoteo – no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él. Porque todas
las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros.”
II Corinthians 1:18-20
LA PALABRA SEGURA DE DIOS