Recuerdo el día que me senté en asombro, un hombre maravilloso de Dios el cual era evangelista me relató ciertos casos de iglesias en
que él había ministrado las cuales fueron negligentes con él en el aspecto financiero. Me contó de una iglesia en particular en la que un
hombre se le acercó después del último servicio de una larga semana de avivamiento que él había predicado. Le preguntó al Rev. Bob si
había recibido los 500 dls. de regalo que él había depositado en la ofrenda de la tercera noche y que específicamente marcó y destinó
para él. Hasta ese tiempo Bob no había recibido nada del pastor, por sus esfuerzos durante la semana. La siguiente mañana cuando el
honorario final fue entregado al evangelista la cantidad fue un poco más de 60 dls. Hubo otras historias que él relató de abusos hechos
por manos de pastores sin escrúpulos. Mi corazón se entristeció.

Pastor, por favor escucha la voz de Dios en este asunto de ministros visitantes: ¡Págale Al Hombre Su Salario! La Biblia te dice, el obrero
es digno de su salario; por tanto, no descuides este muy importante deber pastoral. Te irá bien a ti y a tu iglesia si eres diligente en este
aspecto; sin embargo, si no lo eres, Dios tomará cuenta de tu negligencia y no resultará bien para ti ni para tu iglesia.

En numerosas ocasiones he discutido con pastores tales asuntos, alentándolos como lo hago aquí. Normalmente hay dos categorías de
pastores que parecen ser negligentes en compensar adecuadamente a ministros visitantes: 1) El pastor de la nueva y joven iglesia, y 2)
El pastor de la iglesia pequeña o una que está constituida principalmente por personas pobres. Permítanme asegurarle a todo pastor en
ambas categorías que están categóricamente equivocados al descartar sus obligaciones de ser generosos para con un ministro visitante
cualquiera sea la razón e independientemente de tu iglesia o de la capacidad financiera de tu gente. Sería mejor no invitar al hombre de
Dios a venir y ministrar en tu iglesia que fallar en compensarlo adecuadamente. Siempre has lo que es correcto.

Me recuerdo un ejemplo personal el cual es una ilustración excelente de este error. Años atrás, cada semana manejaba cerca de 130
millas ida y vuelta para enseñar la Palabra de Dios a un grupo de creyentes en un Estudio Bíblico. En un periodo de probablemente dos
meses hubo solo una ofrenda que fue dada, y ascendió a la cantidad de 70 dls. Agradecí el gesto, pero se sintió muy corto de la voluntad
de Dios. El problema no es que la infracción fuese hacia mí personalmente, de igual forma hubiera sido equivocada estuviere quien
estuviere ministrando la Palabra de Dios. Aunque hubiere manejado solo unas cuantas cuadras, la ofrenda debió haberse dado sin falta
en cada reunión. No retengo sentimientos malos hacia el anfitrión de ese Estudio Bíblico  porque yo creo que esto fue hecho por
ignorancia. Pero todos debemos estar advertidos en conductas apropiadas y ser cuidadosos de adherirnos a ellas.

En varias ocasiones he ministrado en iglesias o reuniones de casa en las que el pastor o anfitrión me han dado dinero como honorario.
El regalo siempre se les agradeció pero lo que no se hizo fue llamar a los santos quienes se alimentaron a la mesa esa tarde, a la
responsabilidad dada por Dios de pagar por la cena. El pastor o anfitrión estableció un precedente equivocado por no enseñar y
amonestar a los santos a obedecer la Palabra de Dios en el asunto de dar. ¿Cómo sabrán si no les enseñas?

Pastor, te aliento a instruir a tu gente en este tema. Deben sentir una responsabilidad financiera hacia todo y cada uno de los ministros
invitados que agracian el púlpito en tu iglesia. Adecuadamente enseñados, verán esta ofrenda especial como una maravillosa
oportunidad de adorar al Señor a través de tener cuidado de Su siervo. Yo sugiero que esta instrucción debe hacerse antes del arribo de
cualquier ministro visitante. Prepara tu gente para que ellos preparen sus ofrendas. Asegúrate de instruirlos a dar alegremente, porque
ciertamente Dios ama al dador alegre.  
PÁGALE AL HOMBRE SU SALARIO