La Iglesia es el Cuerpo de Cristo, ¡y es una maravillosa creación de Dios!
La intención es que sea hoy la manifestación de Jesús en la tierra, demostrando
Su amor y poder al mundo del mismo modo que Jesús hizo cuando caminó los
senderos polvorientos de Galilea. Sin embargo, existe aquí, un problema que
quiero tratar. El problema es que demasiados cristianos fallan día a día en
demostrar tanto el amor como el poder de Jesucristo en sus vidas personales.
Así no es como Dios pretendió que fuera. Él diseñó Su Iglesia para representar
la misma naturaleza de Su Hijo Jesús. Cuando los hijos de Dios fallan
individualmente en este aspecto, la Iglesia en general sufre por ello.
Recientemente fuimos testigos de la caída de un prominente líder Cristiano, lo cual
fue anunciado por los medios noticiosos, para sorpresa y tristeza de muchos de
nosotros, como fracaso de la Iglesia. Una cosa se hizo evidente mientras vimos
esta tragedia desplegar, esto es que los pecados de este pastor afectaron
directamente a todos y cada uno de los creyentes nacidos de nuevo sobre la
faz de la tierra. Nuestro testimonio fue manchado por sus pecados personales.
No menciono esta triste situación para condenar en ninguna forma a Ted Haggard; por el contrario, recomiendo y abogo para que lo perdonemos,
oremos por él, y restauremos a este hombre de Dios al servicio del Reino. Mi razón para usar sus pecados en esta lección de enseñanza es para
expresar esta verdad:
NO TE PERTENECES A TI, ERES DEL SEÑOR
Tu y yo somos cada uno una parte del cuerpo, de acuerdo a I Corintios 12:12-26. Así como todo miembro en particular de nuestro cuerpo físico lo
consideramos importante, así es también con el Cuerpo espiritual de Cristo. Trata de aplastar tu dedo meñique y ve los efectos de cómo aun el dolor en
nuestro miembro mas pequeño afecta directamente todo nuestro ser. ¡Auch! Cuando nos unimos por nuestra fe mutua en Cristo y por la aceptación de
Su don de salvación, formamos la familia de Dios y constituimos la singular unidad llamada Iglesia. La palabra clave en la última declaración es
“singular.” Efesios 4:4 se construye en este principio de ser uno. De hecho, ser uno es el principio fundamental de nuestro pacto con Dios – somos uno
con Él y uno con todos los que llevan Su Nombre. Lo que quiero enfatizar en esta enseñanza es el ser uno como creyentes y lo que eso requiere de
nosotros.
Algunos años atrás cuando era el pastor de una iglesia local el Espíritu del Señor me enseñó algo que fue nuevo para mí acerca de ser uno. Sucedió un
domingo por la mañana después de un servicio de adoración. Todos se habían ido ese día excepto yo. Estaba en mi oficina meditando en las cosas
maravillosas que Dios había hecho durante el servicio, pero también me sentía triste porque mucha de la familia de la Iglesia había estado ausente ese
día. Sabía que si algunos de los miembros hubieran asistido habrían podido recibir exactamente lo que necesitaban en sus vidas para contrarrestar los
retos que estaban encarando. El Señor me reveló en esa hora que nuestra familia de la Iglesia era como un frasco de vidrio y cada miembro en
particular como una gota de aceite para ungir. Cuando todos los que Él había llamado a ser parte de nuestra Iglesia estaban presentes, el frasquito se
llenaba a capacidad y el nivel de unción estaba a su máximo. Pero, con cada “gota” que faltare en cualquier tiempo, el nivel de Su unción disminuía
proporcionalmente. Esta revelación nos enseña que cada uno de nosotros es necesario en la Iglesia, lo que significa que cada uno es necesario para el
bien de la Iglesia.
Debemos también extender este principio de ser uno, a nuestras vidas fuera de la Iglesia. Ahora hablo de pecar. Cuando pecas contra Dios, el efecto
de ese pecado se extiende mas allá de nuestra persona, entorpece la iglesia de la cual somos miembros, y cuando nuestra iglesia se debilita ella en
turno entorpece entonces todo lo que la Iglesia en general puede ser. Cuando tu testimonio es comprometido por causa del pecado, todo Cristiano
sufre por ello en muchas formas. Sufren en su testimonio porque lo que tú tienes que decir acerca de cómo Jesús cambia nuestras vidas se convierte
en incredulidad a los oídos del pecador que escucha el evangelio. Cuando tus actitudes no son como las de Cristo, a los pecadores no les interesa
conocer a tu Jesús porque de hecho tú representas a Jesús para ellos; por tanto, el Cuerpo de Cristo es debilitado en su capacidad para evangelizar al
mundo. Simplemente dicho, tus pecados individuales tienen un efecto directo en si se hace o no la voluntad de Dios, o en si se realiza o no Su plan
divino en la tierra. ¡Así de importante eres!
Mi exhortación hacia ti es esta: vive tu vida por encima del reproche. Esto no es solo para tu propio beneficio sino también para el beneficio del Cuerpo
de Cristo. Siempre conciente de cómo tus acciones parecen a otros y lo que tus palabras y actitudes transmiten. Recuerda: Estás siendo observado y
medido por aquellos que potencialmente pueden encontrar la salvación. Así que, sé de valor a Dios y a Su Iglesia aprendiendo a andar en el Espíritu
(Gálatas 5:16) para que tu carne no se manifieste y te lastime a ti, a mi, y a toda la familia espiritual.
Ahora permíteme desarrollar un poco más el principio de ser uno, extendiéndolo, de modo que incluya tus riquezas. Comprendo que cada vez que los
cristianos empiezan a hablar de dinero algunos se incomodan. Pero sabiendo que esto así es, como quiera seguiré adelante. Por favor entiende que
todo dinero que fluye hacia tu control le pertenece a Dios, no es tuyo. Tú eres solo un administrador – uno a quien se le confía el manejo de Su riqueza.
Habiendo dicho eso, recordemos que Jesús mismo alimentaba las masas y daba a los pobres. (II Corintios 9:9) Como bien sabes, ser discípulo es un
asunto de imitar a nuestro Señor; por lo tanto, debes emularlo en este aspecto también. Sé generoso. Sé dador. Sé sembrador, y date cuenta que por
serlo también recibirás mucho a cambio. (Lucas 6:38) Cuando esas cosechas vengan, no las consumas todas en ti. Considera la unicidad del Cuerpo
de Cristo. Si ella ha de prosperar y crecer y expandirse, debe contar con tu ayuda financiera. Tu riqueza es el medio por el cual Dios cosecha las almas
de la tierra. El dinero es el lubricante del evangelio. Nos permite imprimir y distribuir. Nos concede la habilidad de enviar misioneros y construir Iglesias,
orfanatorios, y clínicas. Les provee bien a los siervos elegidos de Dios y sus familias de modo que puedan concentrarse en los asuntos del Reino. Sé el
conducto a través del cual Dios puede bendecir Su Iglesia con abundancia. Considera tu parte en Su Iglesia.
Tu salvación puede que sea una cosa personal, pero tu vida en la Iglesia no es una cosa personal – es un asunto de familia. Tú eres un miembro de la
familia de Dios. Lo que puedes recibir de Dios no es realmente el punto central. El que estés bendecido o realizado o aun contento no debe ocupar el
enfoque de tus oraciones. En la medida que avances en el entendimiento de lo que significa ser parte del Cuerpo, tu vida será mucho más rica y de
hecho prosperarás y serás bendecido en un nivel mayor. Así que, mi exhortación hacia ti mi amigo, es esta:
HAZLO POR EL BIEN DE LA IGLESIA.
POR EL BIEN DE LA IGLESIA
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