El dinero es el lubricante del evangelio. Es necesario para hacer lo que hacemos aquí en la tierra para extender
el Reino de Dios, y para edificar la Iglesia de Jesucristo. Si tú has sido pastor por lo menos una o dos semanas,
has aprendido la dura realidad de que necesitas dinero para cumplir la visión de Dios para tu iglesia sin
mencionar el costo de solo tener que mantener prendidas las luces. Como ya has podido detectar, el dinero es
nuestro tema en este estudio.

Todo pastor sabe muy bien que el dinero que se necesita para financiar las operaciones de su iglesia viene
principalmente de aquellos que se sientan en las bancas Domingo a Domingo. Cuando esas personas son
generosas, las cosas salen bien. Cuando se reservan lo que es correcto dar, las cosas se ponen difíciles. Estos
son los principios económicos básicos de la iglesia local. Lo que tú debes hacer como pastor es asegurar que tu
iglesia tenga todo lo que necesita para cumplir la visión de Dios.

Aún cuando en la iglesia local he visto todo tipo de métodos para recibir diezmos y ofrendas, el acto de dar es
uno de los aspectos fundamentales de nuestra adoración a Dios. Nuestras ofrendas a Dios son nuestros
sacrificios de adoración al que es digno de ser adorado. La importancia del acto de dar como forma de
adoración no puede ser sobre-enfatizada. Fue central en la adoración a Jehová en el Antiguo Pacto y
permanece muy importante en nuestra adoración a Dios en el Nuevo Pacto. Esto me vuelve a ti Pastor, y al
requerimiento que tu tienes de recibir de tu congregación los regalos a Dios.

Es increíble para mí que haya tantos pastores que han rechazado esta responsabilidad pastoral de enseñar
sobre el tema de dar diezmos y ofrendas. Algunos sienten que está equivocado hablar de dinero en cualquiera
de sus formas en un servicio de adoración, y que es algún tipo de abominación para Dios. No lo es. Otros
piensan que el recibir diezmos y ofrendas es algo de poca relevancia, sin mencionar los programas de cajitas de
ofrendas en la puerta de salida de las iglesias. Yo personalmente no recomiendo este método. Aun otros,
exageran en lo que hacen en cuanto a recibir ofrendas en una forma exorbitante de tiempo. Esto puede ser
contraproducente. No es mi intención persuadir a ningún pastor de uno u otro método, sin embargo sí es para
motivar a los hombres de Dios a dar el énfasis adecuado al diezmo a través de la enseñanza y la práctica.

Uno de mis padres espirituales correctamente nos enseñó que si queremos ver ciertas cosas en nuestras
iglesias debemos enseñar alrededor de esos conceptos hasta que las personas lo entiendan y comiencen a
practicarlo. Pienso que esta es la forma correcta de mover una congregación a una total comprensión sobre un
tema, y luego permanecer en ese tema hasta que la conducta apropiada los siga. El tema del diezmo es uno que
permite este tipo de acercamiento. Yo arguyo que cuando un verdadero hijo de Dios escucha la verdad y esa
verdad es establecida dentro de él, la obedecerá por causa de su amor a Dios y su deseo de agradarlo.

¿Qué dificulta a algunos pastores de enseñar el diezmo? A lo mejor es temor. Temen a las personas. ¿Y qué si
las personas en las bancas rechazan esta verdad y abandonan la iglesia porque piensan que es demasiado el
énfasis que se le está poniendo al dinero en la iglesia? Mi respuesta es esta: déjalas que se vayan. Esta no es
una reacción fría e insensible sino el resultado de una consideración cuidadosa al significado de enseñanza. No
puedes enseñar solo lo que tú percibes que las personas quieren oír o lo que cosquillea su antojo. Debes
enseñar la verdad – toda la verdad – en amor. Y parte de la verdad es el mandamiento de Dios a sus sacerdotes
para recibir los diezmos de Su pueblo. Pastor, esa no es una prerrogativa que tienes, es un mandamiento
directo del trono de Dios.

Es clave que tú inculques en tu congregación lo que el diezmo realmente es. Primero que todo debes
conducirlos fuera de cualquier pensamiento de legalismo; el dar diezmos no es una responsabilidad legal hacia
Dios. Nuestra justicia no está ligada en ninguna forma a nuestra obediencia a dar el diezmo. Sin embargo, le
haces a tu congregación una injusticia si fallas en incluir en tus instrucciones del diezmo que el diezmo
complace a Dios, y que agradar a Dios debe ser central en su relación con Él.

Cualquier estudio correcto con respecto a dar el diezmo no está completo si fallamos en reconocerlo como un
acto de adoración que produce beneficios directos al dador del diezmo. Hay pasajes de la Escritura fuertes y
convincentes que desarrollan en su totalidad esta doctrina y ellos deben convertirse en lugares frecuentados
en tus instrucciones sobre este tema. Ha sido mi experiencia que una instrucción frecuente acerca del diezmo
es más productiva que el asignar uno o dos domingos cada año a este tema. Yo inicié la práctica en cada
servicio de dar una breve palabra de instrucción justo antes de cada tiempo de ofrenda. En el transcurso de
unos cuantos meses, cualquiera que acudiera a nuestra iglesia escuchaba la enseñanza completa en el tema de
dar y recibir. Mucho fruto vino de este método. Vimos a la mayoría de los creyentes crecer en esta verdad y
practicarla fielmente. Los predicadores solían decir, “…20% de tu congregación financiará 80% del presupuesto
de tu iglesia…”; gloria a Dios esa tontería no se hizo realidad en nuestra iglesia. La enseñanza correcta hizo la
diferencia en mi iglesia. En la tuya también marcará la diferencia.

Pastor, enseña audazmente a tu gente la verdad acerca del diezmo, y luego recíbelo amorosamente en
representación de Dios, Hazlo verdaderamente un acto de adoración en tu servicio de adoración. Dale el
respeto que se merece especialmente a la luz de la realidad de que estás presentándole a Dios sacrificio de
olor grato que ensalza Su bondad y majestuosidad. Echa fuera pensamientos de que el tiempo de las ofrendas
es una función de recaudar fondos. No lo es. Es un acto sagrado de adoración digno de su lugar y tiempo en tu
Orden de Servicio.

Quiero tomar esta palabra de instrucción sobre el diezmo dos pasos más allá, amonestándote primero que todo
Pastor, a que seas tú también un diezmador. Y, por último, desarrolla la práctica de diezmar a nivel corporativo.
Tu iglesia necesita diezmar. Toma este diez por ciento de todas las entradas a tu iglesia y abre el flujo hacia
fuera a otros ministerios que estén haciendo la obra del Reino.   
RECIBE DE ELLOS
EL DIEZMO